Enchantra (Wicked Games, #2)(23)



Arrastrándose sobre la madera astillada, lo esquivó y salió del tocador, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la puerta principal. Hacia la puerta de Enchantra.

Iba a huir de esta casa, de esta familia, aunque la matara.





9


  Grave Error





El frío del aire vespertino era cortante comparado con el fuego de sus pulmones mientras empujaba sus pies tan rápido como podían.

Agitó la magia que llevaba en las venas mientras bajaba a toda velocidad los escalones del porche y se dirigía a la entrada del laberinto. Podía sentir el aire helado incluso en su estado de espectro, pero lo ignoró mientras se adentraba cada vez más en el laberinto. Su corazón latía de forma tan errática que su magia parpadeaba, y cuando oyó crujir unas pesadas pisadas en la nieve no muy lejos de ella, perdió por completo el control de su poder.

—Maldita sea —siseó mientras hacía una pausa y trataba de recuperar el control. Pero estaba totalmente desconcentrada y su reserva de magia se estaba agotando. Oyó que alguien se le acercaba y supo que, por las prisas, se había atrapado a sí misma.

Alguien gritó detrás de ella, lo que hizo que sus pies se movilizaran de nuevo y empezara a evaluar su posición en el laberinto. Las paredes de tres metros de vegetación le impedían determinar la profundidad a la que se había adentrado, pero al menos no se movían como en el reino del espejo. Así que empezó a adivinar. A la izquierda en la primera bifurcación, a la derecha en la segunda. Cada vuelta que daba parecía llevarla a un callejón sin salida, y cuando dobló una esquina con demasiada fuerza, una ramita de espinas le atravesó la manga y se le clavó en la piel. Siseó de dolor mientras miraba la sangre fresca que manaba de la herida, pensando que las espinas bien podían haber sido garras por la facilidad con que cortaban la tela de su capa.

—Eso parece que puede haber dolido.

Genevieve lanzó un grito de sorpresa y se detuvo en seco, con el pecho agitado, mientras lo buscaba en la oscuridad.

—No te acerques más —espetó.

Rowin inclinó la cabeza hacia ella, con las manos metidas en los bolsillos y los ojos dorados brillando a la luz de la luna.

—Sevin tenía razón. Pareces un conejito indefenso.

Un bufido ofendido brotó de su garganta. ?l dio un paso hacia ella.

—Aquí te van a devorar —le dijo—. Pero imagino que los espectadores van a disfrutarlo. Incluso podrías superar a Sevin como el Favorito de este a?o. Si te mantienes con vida el tiempo suficiente.

Ella retrocedió un paso.

—?De qué mierda estás hablando?

—Te agradecería que dejaras de intentar asustar a mi novia, Remi —dijo una voz grave desde detrás de ella.

El penetrante aroma a menta y miel de Rowin la envolvió de repente y se giró para verlo acercarse. Paseó la mirada entre los dos hombres con incredulidad. Aparte del aro que atravesaba el labio de Rowin y algunos otros detalles casi indistintos, los dos parecían réplicas exactas el uno del otro.

Gemelos idénticos.

—Por el amor de Dios, ?son dos? —exclamó Genevieve.

Remi se encogió de hombros.

—Nuestros enemigos están igual de decepcionados.

—Déjanos —ordenó Rowin a su gemelo—. Padre quiere que ayudes a Sevin y Ellin a prepararse para la ceremonia. ?l y Knox están discutiendo planes para actualizar las invitaciones de la mascarada en el estudio, y dijo que podrías reunirte con ellos allí.

Contraatacó Remi encogiéndose de hombros.

—Como si me importara ayudarte a preparar algo que te liberará de esta eternidad en el Infierno, mientras el resto de nosotros estamos atrapados con Knox para siempre.

Las palabras de Remi estaban impregnadas de amargura, pero no de la que sienten los desconocidos envidiosos cuando ven que otros reciben algo que desean. No, este tipo era mucho más complicado. Era el tipo de amargura que sientes cuando alguien a quien quieres recibe algo que deseas. Tu felicidad por ellos confundida por tu rabia. De no querer hacerles da?o quitándoselo, pero tal vez enga?ándote a ti mismo pensando que lo merecías más, y que eso no te hacía una persona terrible.

Era un sentimiento con el que había crecido. Uno que había creado una brecha entre ella y Ophelia durante demasiado tiempo. Pero el día en que se dio cuenta de que Ophie siempre sería la prioridad de su madre, y que Ophelia ni siquiera deseaba que así fuera, fue el día en que encontró la paz. Había visto cómo la presión de mantener el legado familiar había ido despojando poco a poco a Ophie de sus esperanzas y sue?os para su propia vida, y supo que no era con su hermana con quien debía enfadarse.

—Podemos tener esta pelea más tarde —le dijo Rowin a su hermano.

—?Cuándo? —preguntó Remi, dando un paso adelante. —?La próxima vez que decidas hacernos una visita en el infierno? ?La próxima vez que nos escribas para contarnos lo que pasa en tu vida? No has hecho ninguna de esas cosas en casi dos décadas, así que no aguantaré la respiración.

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