Enchantra (Wicked Games, #2)(51)
—Sí.
La mujer echó la cabeza hacia atrás con una risa encantadora.
—Vete —se quejó Rowin. Pero no hablaba con Genevieve.
La mujer sonrió con satisfacción.
—?Estás seguro?
—Sí —gru?ó, como si le doliera decir esa palabra—. Puedo manejarla.
—Gracias por rescatarme de Sevin —le dijo, y al pasar junto a Genevieve, susurró—. Dale pelea.
—No te preocupes —dijo Rowin, frunciendo el ce?o cuando la puerta se cerró tras ella—. ?No te dije que no me siguieras?
—?Pensabas que esta noche iba a ser la noche en que empezara a comportarme por ti? —replicó ella.
Su boca se apretó en una línea.
—Pero creo que la pregunta más urgente aquí es: ?qué diablos me pasa? —continuó ella.
?l extendió su mano libre y comenzó a deshacer el nudo.
—Tendrás que ser más específica.
Ella frunció el ce?o.
—Me dejaste para venir aquí arriba con alguien más, para cualquier juego sexual al que acabo de interrumpir…
—?Quién dijo que estábamos haciendo algo sexual? —Rowin soltó una carcajada—. Esa es la fruta de la pasión nublando tu mente. Que es exactamente por lo que te dejé abajo.
?Qué quería decir con que no era sexual? Sólo estaba siendo atado a un poste de la cama por la mujer más hermosa que Genevieve había visto nunca.
—Gwen sólo intentaba ayudarme a alejarme de ti —afirmó Rowin mientras terminaba de deshacer el nudo y se levantaba de la cama—. Debería haber sabido que vendrías a buscarme, dado que te dije específicamente que no lo hicieras.
Cuando él se acercó, su mirada bajó y se detuvo demasiado tiempo en los labios de ella, y el calor volvió a recorrer su interior, haciéndola olvidar por completo su ira y lo que cualquiera de los dos había intentado decir. Ahora lo único que se preguntaba era qué se sentiría al besarlo de nuevo. Que sus sombras la envolvieran mientras recorría con la lengua los tatuajes de su pecho y su vientre.
—No pude evitarlo —susurró mientras daba un paso más hacia él—. Quiero esto.
Permaneció clavado en su sitio, con el pecho agitado como único indicio de que su proximidad le afectaba.
—?Qué quieres? De nuevo, sé más específica. No hay nadie observándonos aquí, así que por favor no te contengas.
Al instante se le encendieron las mejillas. Había tenido muchos amantes, pero ninguno le había pedido que le dijera lo que quería.
—Quiero saber lo que se siente al besarte cuando no es sólo para aparentar —le dijo.
—Un beso, qué inocente —se burló mientras recorría con la mirada sus mejillas sonrojadas—. Pero inocencia no es lo que busco esta noche. Vuelve a la fiesta.
Se burló.
—No soy inocente. Tengo mucha experiencia.
Levantó una ceja escéptico.
—“Problemas”, sospecho que en lo único que tienes experiencia es en dulces. Nunca sería eso.
Ella le arrugó la nariz.
—Deja de llamarme “Problemas”.
—Deja de provocarlo.
—O podrías unirte a mí para provocarlo —canturreó.
Vio el momento en que su determinación se quebraba por fin y, antes de que pudiera parpadear, él estaba frente a ella, los zarcillos de sus sombras empujándola suavemente contra la pared.
—Hipotéticamente, si lo hiciéramos, no sería más que follar —le dijo, con sus ojos ámbar prácticamente brillando de deseo.
—No estoy segura de que puedas considerar que sólo follamos cuando estamos casados —razonó ella, con las palabras entrecortadas por la reacción de la magia de ante la proximidad repentina de su boca sobre la de ella.
—Estar casados por contrato y estar unidos emocionalmente son dos cosas distintas —declaró—. No puede haber ataduras entre nosotros. La telara?a en la que estamos metidos está demasiado enredada tal y como está.
Tiene razón. Y quiero liberación, no otro hombre que me arranque el corazón.
—Me parece justo —dijo ella—. Para responder a tu pregunta, mientras hagas que me corra, no habrá ningún problema con sólo follar.
La mirada que le dirigía ahora era absolutamente pecaminosa. Sus sombras empezaron a desplegarse a su alrededor, igual que antes, y todo el cuerpo de ella empezó a vibrar de expectación cuando él se desabrochó los pu?os de la camisa, uno por uno, antes de tirar al suelo la tela hecha jirones. Lo siguiente fue el cinturón, que se quitó con una mano mientras se?alaba con la cabeza el vestido de ella.
—Eso tiene que irse. Ahora.
A diferencia de la noche anterior, esta vez le permitió acceder a la parte trasera del vestido. Se apresuró a abrir los cordones y en cuestión de segundos el vestido se deslizó por sus curvas y se amontonó en el suelo. Dejándola sólo con su ropa interior rosa de encaje.