Enchantra (Wicked Games, #2)(53)
Ella retrocedió, tanto como pudo en la peque?a habitación.
—?Qué mierda crees que estás haciendo?
—No es nada personal —le dijo Cedric mientras avanzaba un paso—. Pero no aceptaste mi soborno.
—Fuera. Inmediatamente.
—?Qué, vas a llamar a tu marido otra vez? —Se rio.
Entonces se abalanzó sobre ella, empujándola dolorosamente contra el borde del tocador.
—Eh —gru?ó mientras se volvía invisible y pasaba a través de él.
Se agarró al mostrador antes de girar para mirarla, con el rostro pálido al darse cuenta de repente de que cualquier poder que hubiera creído tener para atraparla era inútil.
—Nadie mencionó que fueras un Espectro —tartamudeó—. Joder, yo no...
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiera terminar la frase.
Rowin. El calor volvió a encenderse en su vientre.
Tiene que ser una broma.
Cedric parecía que iba a vomitar.
—Cedric Wrathblade, ?eres tú? —dijo alguien por encima del hombro de Rowin.
Era Sevin. Ella ni siquiera lo había notado.
La mirada de Rowin no se apartaba de la suya mientras le preguntaba:
—?Estás bien?
Genevieve tragó saliva y asintió con la barbilla.
—Quiero oírte decirlo, Genevieve —imploró Rowin—. ?Estás bien?
—Sí —prometió—. ?l sólo estaba siendo un imbécil.
Cedric levantó la mano para agarrar lo que parecía ser una llave que colgaba de su cuello.
—Si me tocas, la Daemonica...
—Di otra puta palabra y te arrancaré la cabeza del cuello —le gru?ó Rowin, la oscuridad que saturó su tono la hizo sentir casi lástima por Cedric. Pero no del todo.
Cedric se quedó callado. Sevin se echó a reír.
—Escúchame bien —le dijo Rowin a Genevieve—. Vas a bajar y vas a esperar con cualquiera de mis hermanos que veas primero. ?Entendido?
Ella asintió rígida.
—La Caza empieza en siete minutos. No puedes llegar ni un segundo tarde —le advirtió.
No perdió ni un instante más y salió corriendo de la habitación, pasando junto a Umbra a pocos metros de la puerta. A mitad de la escalera, alguien gui?ó un ojo a su lado.
Knox.
Justo cuando el anillo encantado empezaba a enfriarse, su magia volvió a cobrar vida.
—?Disfrutando de la fiesta? —le preguntó Knox mientras seguía su ritmo.
—Qué encantador ver que todos los Demonios tienen el mismo pésimo sentido del momento —bufó ella—. Y no. Jodidamente no estoy disfrutando esto.
—Lástima. Esperaba haber encontrado el regalo de boda perfecto —confesó.
Se detuvo en el último escalón, dejándola pasar. Aunque estaba dos escalones por encima de él, era más alto que ella.
—?Intentando encerrarnos a mi marido y a mí en una nebulosa sexual? —preguntó.
—La fruta de la pasión es un manjar —le dijo—. Te hace desear cien veces más tus deseos más profundos. Pensé que tal vez tú y Rowington disfrutarían de un poco más de pasión esta noche, ya que no tendrán luna de miel pronto. Si es que la tienen. Tu presencia en la Caza ha atraído a muchos más espectadores dispuestos a vaciar sus arcas, y quería darte las gracias.
—Eres un cabrón. Creía que la fruta de la pasión era un sabor —le espetó.
Su sonrisa se tensó.
—Intentaba ser amable.
—Los demonios no son amables a menos que les beneficie —recitó—. Con raras excepciones.
Como Salem. Pero incluso entonces, su hermana había pagado técnicamente un precio para conservar al Príncipe de los Demonios: su mortalidad.
—?Y qué sabes tú de Diablos? —ronroneó Knox.
Lo miró con dureza.
—Mi hermana vive con uno. Se llama Salemaestrus. ?Significa algo para ti?
Al oír el nombre completo de Salem, el rostro de Knox se tornó ceniciento y los labios de Genevieve se curvaron en una sonrisa triunfal.
—Juega todo lo que quieras conmigo, pero tendrás que vértelas con Salem cuando salga —amenazó Genevieve—. Y Salem me adora.
Salem nunca había dicho tal cosa con tantas palabras, pero Genevieve no dudaba de que era un hecho.
—He oído rumores de que Salemaestrus había regresado por fin de su exilio —admitió Knox, con las palabras tensas—. Me siento honrado de que una amiga del Príncipe decida participar en mi concurso. Que no haya rencores. De hecho... podría ofrecerte un trato adicional si ganas.
La risita que brotó de su boca era burlona.
—No soy la hermana Grimm que hace tratos con los demonios.
Antes de que él pudiera replicar, ella bajó los últimos escalones y se dirigió hacia Ellin y Wells, que esperaban en el centro de la pista de baile. Cada uno de ellos la saludó con una inclinación de cabeza mientras ella se colocaba a su lado. Barrington y el resto de los hermanos de Rowin aparecieron uno a uno y entraron en el círculo. Genevieve hizo girar el anillo en su dedo mientras esperaba a Rowin.