Enchantra (Wicked Games, #2)(59)



—Supongo que no hará da?o —admitió—. Ya que estamos construyendo la confianza entre nosotros. ?Verdad?

—Tus palabras —aceptó.

Ambos se tomaron un momento para pensar qué tres cosas decir, el único sonido en la habitación provenía de Umbra ba?ándose como un gato doméstico. Genevieve echaba de menos a Poe y la mansión Grimm.

—De acuerdo. Yo tengo lo mío —anunció Rowin.

Le hizo un gesto para que se lo siguiera.

—Sevin y yo oficiamos accidentalmente la boda de un Demonio que casaba a diecinueve novias a la vez. Nunca he follado con nadie en mi propia habitación. Y la última vez que viajé más allá de Florencia fue hace quince a?os.

Frunció el ce?o. La primera era lo bastante ridícula como para ser cierta. Pero las dos últimas...

—La segunda tiene que ser la mentira —decidió finalmente—. Es imposible que tengas una cama de ese tama?o y no la hayas usado.

Se encogió de hombros.

—Error.

—?Qué?

—La cama de mi habitación solía ser la de Covin antes de que se cambiara a una aún más grande. No me gustan los extra?os en mi espacio personal, así que siempre me he llevado a mis amantes... a otra parte —admitió—. Eres la primera persona a la que permito quedarse en mi cama en los últimos tiempos.

—Ah, los privilegios de ser esposa —canturreó.

?l no sonrió, pero ella juró que quería hacerlo.

—?En serio me estás diciendo que tienes toda la riqueza y el tiempo que cualquiera podría desear, y no has salido de esta parte del país en quince a?os? Ganas libertad cada vez que juegas a este juego, ?y no la usas para viajar todo lo posible? ?Para escapar de este lugar?

—No parece justo —murmuró Rowin—. Disfrutar de todo lo que los demás no pueden.

—Entonces, ?te importa que tu racha de victorias les haya mantenido en el infierno durante tanto tiempo? —afirmó.

Sus ojos se clavaron en los de ella.

—Por supuesto que sí.

Sintió la verdad en sus palabras.

O vas a conseguir otra victoria y no te volveremos a ver nunca más, o tu racha de victorias llegará a su fin y por fin probarás el infierno con el resto de nuestros lamentables culos —había dicho Covin, pero Genevieve empezaba a sospechar que había mucho más en el deseo de ganar de Rowin de lo que nadie entendía.

El silencio se extendió entre ellos durante un rato, aunque a Genevieve no le resultó necesariamente incómodo. Sólo reflexivo.

Sin embargo, cuando ya era demasiado, dijo:

—Pensaba que la única razón real para tener una cama de ese tama?o era para organizar orgías.

Soltó una carcajada.

—Bueno, no te equivocaste, pero amantes múltiples es cosa de Covin, no mía.

Así lo había visto.

—De acuerdo —me dijo—. Tu turno.





20


  Perseguida





Dos horas más tarde, cuando por fin su temperatura corporal había vuelto a la normalidad, Genevieve estaba encerrada en el cuarto de ba?o de Grave, quitándose todas las horquillas cuidadosamente colocadas en sus rizos para dar un respiro a su dolorido cuero cabelludo. Había destapado el espejo, y miraba fijamente su reflejo como si pudiera vislumbrar todas las miradas invisibles que sin duda la observaban.

Rowin y ella habían jugado al juego de las verdades durante dos rondas antes de que se volviera demasiado personal para él y decidiera que prefería el silencio. Lo que ella había averiguado era que él y sus hermanos -Remi y Covin-se emborracharon tanto una vez que pensaron que sería buena idea robar la preciada mascota de una especie de institución demoníaca del Infierno. Y que había leído todos y cada uno de los libros de la biblioteca familiar. Y que los tatuajes que cubrían la mayor parte de su cuerpo habían sido su forma de diferenciarse de Remi. Pero lo más sorprendente era que Grave era el favorito de su madre.

Fue cuando ella le preguntó más sobre su madre cuando Rowin decidió que no quería seguir hablando.

A diferencia de ella, a él no le molestaban los largos ratos de silencio, lo que se notaba en lo relajado que parecía sentado en el sillón mientras Umbra dormía acurrucada sobre su pecho. Genevieve, sin embargo, había estado a punto de volverse completamente loca a la segunda hora. Así que inventó formas de entretenerse. Era algo que había hecho a menudo de ni?a cuando Ophie estaba en clases de Nigromancia. Había reorganizado el armario de Grave por colores -negro, azabache y ébano-antes de doblar todo el papel de escribir de su escritorio en forma de cisnes. Finalmente, se había ocupado de su cabello, que durante la noche había llegado a parecerse a un nido de pájaros, y ahora que echaba un último vistazo a su aspecto, fruncía el ce?o al ver los círculos violáceos que se formaban bajo sus ojos.

Se había dado la vuelta para salir del ba?o, para pensar en cuál sería su siguiente tarea, cuando la puerta se abrió de golpe, haciéndola saltar.

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