Enchantra (Wicked Games, #2)(60)
Rowin se acercó con decisión y Umbra le pisó los talones.
—?Qué crees que...?
Se llevó un dedo a los labios. Umbra estaba en alerta máxima, con las orejas agitadas para escuchar algo que Genevieve no podía oír.
—Distracción —ordenó Rowin a su Familiar, su voz apenas era más que un susurro, pero Umbra oyó perfectamente la indicación y trotó de vuelta a la habitación para arrastrarse bajo la cama y perderse de vista. Inclinándose hasta que su boca estuvo junto a su oído, Rowin murmuró:
—Cuando abra la puerta, Umbra saldrá corriendo de la habitación y creará una distracción en el pasillo para guiarlo de vuelta a la salida. Yo lo seguiré y lo alejaré. Cuando su atención esté completamente en mí, tú corres.
—?Grave? ?Está aquí? —susurró ella cuando él bajó la mano—. ?A dónde debo correr?
—No importa. Pero no te arrincones. El primer cambio está a punto de suceder, y tendríamos que cambiar de habitación entonces, de todos modos .
Cerró la puerta del cuarto de ba?o hasta que sólo les quedó un peque?o resquicio por el que asomarse. Sin embargo, cuando Genevieve se adelantó para mirar, el miri?aque que arrastraba por el suelo bajo su bata produjo un crujido que, en el cuidadoso silencio, bien podría haber sido una explosión.
Rowin maldijo en voz baja. Rebuscó en el armario del cuarto de ba?o de Grave y sacó una navaja de acero. Agachado, empezó a cortar las largas capas de seda y crinolina. A Genevieve le dolía el corazón ver cómo se destrozaba un vestido tan hermoso. Pero fue difícil protestar cuando por fin pudo moverse.
El sonido de la puerta de la habitación al abrirse hizo que ambos se pusieran rígidos, y el anillo de su dedo empezó a arder. El traqueteo de las cadenas atadas a la trampa de Grave la hizo contener la respiración, pero no pareció dispararse.
Rowin le hizo un gesto para que se colocara contra la pared, detrás de la puerta del cuarto de ba?o. Unos pasos se acercaban por el otro lado. Sin embargo, cuando sonó un fuerte golpe procedente de algún lugar más alejado, los pasos cambiaron de dirección en un instante.
Deslizó los ojos hacia Rowin, que le hizo un gesto tranquilizador con la cabeza antes de salir corriendo al dormitorio y dirigirse al pasillo. Se asomó desde el cuarto de ba?o cuando Rowin estaba en la puerta del dormitorio, gritando a su hermano antes de salir hacia la izquierda y perderse de vista. La corpulenta figura de Grave pasó a toda velocidad por delante de la puerta abierta del dormitorio, y ella supo que ésa era su se?al.
Genevieve salió cautelosamente del cuarto de ba?o. Se acercó sigilosamente al umbral abierto y asomó la cabeza lo suficiente para ver a Rowin y Grave al final del pasillo. Grave atacaba a Rowin con la Daga de la Caza, con movimientos fluidos y precisos. Rowin esquivaba cada golpe.
De repente, unos dientes diminutos y afilados le mordisquearon los tobillos. No lo suficiente como para hacerle da?o, pero sí para empujarla hacia delante.
Miró a Umbra.
—Me voy, peque?a amenaza.
Hablar no era lo correcto. Como le ocurría a menudo.
—Por el amor de Dios, “Problemas” —gru?ó Rowin—. ?Corre!
En cuanto habló, la atención de Grave se centró en ella. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
Si Grave está sonriendo, tú deberías estar corriendo.
Voló por el pasillo y atravesó el vestíbulo, buscando una ruta que no la arrinconara. Más fácil decirlo que hacerlo. Especialmente cuando Grave la estaba alcanzando.
Lo único que tenía a su favor era que su perseguidor no estaba hecho para la velocidad. Grave debía de pesar doscientos kilos de puro músculo.
Cuando vio el arco abierto del comedor, lo único que se le ocurrió hacer fue lanzarse a través de él y rodear la gran mesa para enfrentarse a Grave con una barricada entre ambos. ?l se rio al detenerse y ella se dio cuenta de que apenas le faltaba el aire.
Genevieve, en cambio, temía desmayarse. Peque?os puntos de luz le nublaron la vista mientras un calambre reverberaba en su costado. No estaba segura de haber corrido tanto en su vida.
Grave se acercó lentamente a la mesa, que estaba completamente vacía, aparte de un cuenco de cerámica con fruta sobre su pulida superficie. Genevieve se mantuvo en pie, esperando a que él eligiera una dirección de ataque. ?Dónde estaba Rowin?
—Lo siento, amiga, pero desgraciadamente he perseguido, y me han perseguido, alrededor de esta mesa durante suficientes horas de mi vida como para saber —de un solo salto, aterrizó justo encima de la mesa con un fuerte golpe—, que es mucho más fácil pasar por encima.
La acción tiró el cuenco de fruta al suelo, haciendo que la cerámica se hiciera a?icos ruidosamente mientras su contenido rebotaba por el suelo junto a sus pies. Cuando Grave saltó al suelo a sólo medio metro delante de ella, con los fragmentos del cuenco crujiendo bajo sus pies, a Genevieve se le ocurrió que debía empezar a asustarse. Por alguna razón, Rowin aún no había aparecido. No es que fuera de las que rezan para que un hombre la salve, pero en las actuales circunstancias de pensó que estaría bien que él hiciera algo.