Enchantra (Wicked Games, #2)(17)
Barrington asintió. Se volvió para tomar suavemente a Genevieve por el codo.
—Ven, ni?a, vamos a llevarte al salón. Creo que necesitas sentarte.
—Lo que necesito es dejar de ser mangoneada por extra?os —dijo Genevieve mientras se zafaba de su agarre y clavaba los talones. Lanzó una mirada fulminante a Rowin—. ?Qué quieres decir con ganar o morir?
—?Esas palabras tienen significados alternativos que desconozco? —se burló Rowin—. O ganas la Caza o te matan en ella. Así que espero que tu afición al sparring verbal se traduzca también en algún tipo de capacidad física.
Genevieve se volvió hacia Barrington.
—Pero usted ha dicho que llevan a?os jugando a este juego. Si matan a todos menos al ganador...
Se interrumpió al darse cuenta. Inmortales. Todos son inmortales.
—Cuando nos matan en la Caza, la magia de Knox quema nuestras almas de nuestras formas corpóreas y luego arranca nuestros cuerpos de este plano lineal para transportar ambas partes de nosotros de vuelta al Infierno —explicó Rowin.
Sonaba... espantoso. También era una magia aterradoramente poderosa, eso estaba claro incluso para Genevieve. Las almas eran delicadas, y si la magia de Knox podía transportar una de este plano al Otro Lado en un instante, era un Diablo realmente poderoso.
—Entonces tendremos que vivir el resto del a?o bajo el mando de Knox —dijo Rowin, con la voz cargada de amargura.
—El ganador, por otro lado, se queda aquí hasta que la Caza comience de nuevo —terminó Barrington—. Pero un mortal... el cuerpo de un mortal no puede sobrevivir a ser separado de su alma sin terribles consecuencias, se?orita Grimm.
—Y yo soy mortal —susurró Genevieve.
—Te das cuenta rápido —resopló Rowin.
Se giró para ense?arle los dientes.
—Eres un imbécil.
Sonrió satisfecho.
—?Son palabras las únicas garras que tienes?
—Acércate y veamos —canturreó.
Rowin dio un paso adelante, pero Barrington levantó una mano y ladró:
—Basta. —Entornó los ojos hacia Rowin—. Espérame en el estudio. Iré enseguida.
Genevieve observó con leve estupor cómo Rowin empezaba a transformarse en una mara?a informe de sombras y humo. En un momento su figura estaba allí, y al siguiente se había fundido en la oscuridad del pasillo y desaparecido por completo.
—No puedo soportar la idea de que nuestro juego maldito da?e a una de las hijas de Tessie —le dijo Barrington, con un tono un poco más firme que antes—. Hay una forma de mantenerte a salvo. Sólo requiere un poco de cuidado...
Un estruendo resonó en toda la casa.
Barrington suspiró profundamente.
—Te ruego que me disculpes. Mis hijos están claramente decididos a volverme aún más loco de lo habitual hoy. Ponte cómoda en el salón al final del pasillo.
Y con eso, Barrington Silver desapareció, dejando sólo una columna de humo púrpura.
Genevieve había decidido que encontrar el salón y esperar a ver qué solución encontraba Barrington sería mucho menos agotador que arriesgarse a... ?cómo dijo Rowin? ?Ser frita en la puerta principal?
La habitación era sorprendentemente cálida, los muebles antiguos desiguales y las flores frescas en jarrones de cristal la hacían íntima y acogedora. Había un conjunto de sillas justo enfrente del peque?o sofá, una mesa de café de caoba entre ellas y un armario empotrado, de la misma madera rojiza, que abarcaba toda la pared del fondo de la habitación. Las estanterías sobre el armario estaban llenas de diferentes botellas de licor y cristalería. Delante había una larga barra de mármol con taburetes de terciopelo.
—Vaya, vaya, mirad quién se ha unido a nosotros —declaró una voz divertida.
Genevieve se puso rígida y escrutó la habitación en busca del due?o de la voz.
Una sonrisa se curvó en los labios de Sevin cuando su mirada se fijó en la de él, y éste movió la piruleta que tenía en la boca hacia un lado, creando una protuberancia en su mejilla izquierda. Genevieve lo miró con escepticismo mientras él se apartaba de la pared del fondo y se acercaba pavoneándose.
—Antes has hecho una desaparición muy sigilosa. ?Eres de las calladas, entonces? —preguntó, con un brillo travieso en su mirada carmesí mientras se sacaba la piruleta de la boca para apuntarla—. ?O te gusta gritar?
Genevieve se cruzó de brazos.
—Creo que quizá mi nuevo objetivo en la vida sea asegurarme de que nunca sepas esa respuesta.
Chasqueó la lengua decepcionado.
—?Qué opinas de las dagas?
Ella entrecerró los ojos.
—?En qué sentido? ?Artesanía? ?Efectividad? ?O cómo creo que quedaría una clavada en tu costado?
Su sonrisa se hizo más amplia.
—Sólo me preguntaba qué tan preparada estás para recibir una o dos pu?aladas.
Una carcajada sonó en la puerta cuando Ellin entró en la habitación.