Enchantra (Wicked Games, #2)(12)
—?Cómo has entrado aquí? —preguntó la chica en ese mismo idioma mientras su mirada recorría el estado del vestido de Genevieve.
—Por la puerta principal —contestó Genevieve mientras se pasaba las manos por encima del corpi?o. Debía de tener un aspecto horriblemente desali?ado. Definitivamente, no era su idea de una buena primera impresión.
La chica resopló.
—Tienes un descaro increíble, sabes. Si eres uno de los invitados de Knox, llegas pronto. Y estás absolutamente jodida. La Caza es ma?ana.
?La Caza?
—No es que vayas a estar allí, ya que tu funeral será esta noche —continuó la chica, con un tono demasiado despreocupado para las palabras que pronunciaba.
—No sé de qué estás hablando —le dijo Genevieve—. Y ?cómo pude entenderte antes? Si no estabas hablando inglés…
—?Estás loca? —preguntó la chica, realmente preocupada ahora que escrutaba el rostro de Genevieve—. ?Cómo has acabado aquí exactamente?
Oh.
—Hay un zorro negro...
—?Umbra? —Los ojos de la chica se entrecerraron astutamente ahora.
—?Rowington te dejó entrar aquí?
Umbra. Rowington.
Genevieve archivó esos nombres para más tarde.
—Dejar no es necesariamente la palabra correcta...
—?Ellin? —retumbó una voz grave desde la esquina, y por un momento, el estómago de Genevieve se revolvió de ansiedad ante la confrontación que se avecinaba. Pero cuando ambas giraron hacia la voz, Genevieve sintió alivio al comprobar que no era en absoluto el bastardo de ojos dorados.
No, este hombre era un poco más delgado, con su cabello de cuervo peinado hacia atrás impecablemente, los lados un poco más cortos que la parte superior. La piel de su pecho, visible bajo la camisa medio desabotonada, mostraba tatuajes de toscas marcas de conteo, al igual que las estrechas franjas de sus mu?ecas, justo por encima de los pu?os. Sin embargo, el detalle más llamativo de él era el color carmesí de sus ojos.
Bueno, sus ojos y el hecho de que era quizás la persona más atractiva que Genevieve había visto nunca. Era sorprendente lo guapo que era, sinceramente. Suficiente para hacerla sonrojar.
—Ellington, estás perdiendo el tiempo —dijo el hombre con voz dura, mientras sostenía lo que parecía ser una piruleta en la comisura de su boca, caminando sin prisa.
Y, una vez más, Genevieve notó que hablaba el mismo idioma que la chica antes, aunque ella no tenía ningún problema para entenderlo.
—Rowin ya preparó todas nuestras habitaciones, y se va a enfadar si descubre que he ensuciado la mía de sangre..
El hombre se detuvo bruscamente cuando por fin vio a Genevieve, luego volvió a mirar a Ellin y sus ojos escarlata se entrecerraron en una mirada fraternal. Y Genevieve estaba segura de que lo era: el hermano de la muchacha. No sólo por el evidente parecido -por la pronunciada inclinación de sus narices, las formas de sus ojos y bocas, sus miradas compasivas y sentenciosas-, sino porque la expresión de su rostro era el tipo de mirada que sólo un hermano podía dirigirte justo antes de ayudarte a limpiar un desastre y luego exigirte un favor por ello. Ophelia había tenido esa misma expresión muchas veces en su infancia.
—?Qué mierda pasa, Ellin? —dijo el hombre mientras se sacaba la piruleta rojo cereza de la boca—. ?Has vuelto a dejar abierta la Boca del Infierno? ?Acaso los dos últimos siglos no te han cansado de ver cómo Knox masacra a la gente?
?De qué demonios está hablando?
Ellin apoyó las manos en las caderas.
—Yo no la dejé entrar. Acabo de encontrarla aquí, imbécil. Rowin es a quien debes preguntar...
—?Rowin? —La interrumpió, enarcando las cejas con incredulidad.
Ellin se encogió de hombros.
—Mencionó a Umbra.
El hombre desvió la mirada hacia Genevieve.
—?Estás aquí con Rowin?
—?Si lo estoy? —preguntó Genevieve, sobre todo porque no entendía muy bien a dónde querían llegar, pero sus palabras anteriores seguían resonando en el fondo de su mente como una alarma.
?Acaso los dos últimos siglos no te han cansado de ver cómo Knox masacra a la gente?
Knox. Ese era el nombre que Barrington había mencionado en su carta. Algo sobre tener un breve descanso de sus deberes con Knox.
—Si estás con Rowin, tengo unas cuantas preguntas —dijo el hombre, cambiando al inglés con la misma facilidad con que lo había hecho Ellin—. Pero si no lo estás, creo que sería más humano acabar con tu sufrimiento antes de que Knox o Grave te encuentren aquí—. Con la mano libre desenvainó una espada de su cinturón.
—Sevin, sobre la alfombra no —suspiró Ellin.
Genevieve se cuidó de no reaccionar, a pesar de que se le aceleró el pulso al ver la espada y de la amenaza persistente en sus palabras. ?Qué mierda les pasaba a los habitantes de esta casa?
—Estoy con Rowin —se apresuró a decir Genevieve mientras Sevin se movía sobre sus pies, esperando su respuesta.