Enchantra (Wicked Games, #2)(30)
—Tessie Grimm.
Una expresión de asombro se dibujó en los rostros de los tres. Entonces se oyó un silbido desde la puerta.
—Hacía décadas que no oía ese nombre —dijo Sevin al entrar en la habitación. Luego pasó un pulgar por encima de su hombro y anunció—. Padre dijo que te acompa?aríamos al jardín en cualquier momento.
Genevieve sintió un subidón de adrenalina al oír sus palabras y extendió la mano hacia Ellin con su vaso, pidiéndole en silencio que se lo rellenara. Ellin la obedeció con una sonrisa.
—?Y has dicho que no eres Ophelia? —Wells confirmó mientras Genevieve daba un sorbo más lento al licor esta vez, saboreando el calor que se extendía por sus venas.
—No, desde luego que no —dijo Genevieve.
—?Cómo está Tessie? —preguntó Sevin, sacando algo del bolsillo de su chaleco. Una piruleta roja.
Dijo el nombre de su madre como si la conociera de verdad, no sólo de ella, como los ni?os conocen a los adultos que pasan el tiempo con sus padres lo suficiente como para recordar sus nombres. No, Genevieve se daba cuenta ahora de que probablemente todos ellos habían conocido a Tessie Grimm en algún momento.
—La mejor pregunta es, ?por qué Padre estaba escribiéndole de nuevo? —Grave gru?ó.
—Bueno, no le escribía exactamente —reveló Genevieve—. Desde que ella murió. Hace unos meses.
Sevin se quedó boquiabierto mientras Ellin ocultaba su sorpresa tras una mano.
—?Qué?
Todos giraron la cabeza al oír la voz de Barrington. Iba muy elegante con un impecable traje morado oscuro, chaleco a juego y corbata de cachemira. Lo único que desentonaba era la expresión de devastación de su rostro.
Genevieve se estremeció al oír el ruido que hizo su vaso al dejarlo sobre la encimera y se giró para mirar al hombre de frente.
—Lo siento. Quería mencionarlo antes, pero todo sucedió tan rápido y...
—?Cuándo? —preguntó, sus ojos violetas brillando de emoción mientras se frotaba la boca con una mano, horrorizado.
—El oto?o pasado. Fue justo antes de... —Genevieve negó con la cabeza mientras sus palabras se interrumpían—. Puedo explicarlo más tarde. Después de la boda. Creo que tú y yo necesitamos tener una conversación que no tenga que ver con este maldito juego.
Barrington cerró los ojos con fuerza por un instante, pero antes de que ella pudiera disculparse de nuevo, ya había vuelto su atención hacia sus hijos.
—Wells, Sevin, vengan conmigo. Vamos a abrir las puertas y el portón. Ellin, tú puedes ayudar a Genevieve con el vestido y acompa?arla a través de la nieve. Knox volverá en cualquier momento.
Ellin intercambió una mirada con Sevin.
—?Cambiamos?
Sevin asintió a su hermana antes de mirar a Genevieve con una sonrisa sombría.
—No te preocupes, estarás en buenas manos.
—A Rowin no le han importado una mierda nuestras vidas en los últimos quince a?os, ?y todos ustedes van a asistir de verdad a esta puta tomadura de pelo? —les espetó Grave.
—Fuera —ladró Barrington—. No es el momento de volver a discutir. Y te juro por Dios, Grave, que será mejor que no le digas nada a Knox sobre este matrimonio.
—?O qué? —se burló Grave.
—O puede haber consecuencias nefastas para toda la familia —subrayó Barrington.
Los dos hombres se miraron fijamente durante un largo minuto, lo que hizo que Genevieve se preguntara a qué se refería Barrington. Grave, para sorpresa de Genevieve, hizo lo que su padre le pedía y se marchó, aunque con el ce?o fruncido. Al marcharse, arrebató la botella de licor de las manos de su hermana.
—?Eh! —Ellin gru?ó.
Grave dio un trago directamente de la botella como respuesta mientras él y los demás salían uno a uno.
—Bienvenida a la puta familia —le dijo Sevin alegremente a Genevieve—. Preparada o no.
12
Juramentos Atroces
Genevieve apartó la manta que colgaba del espejo para darse un último repaso. Admiró la luz de sus ojos por última vez antes de prometerse a un extra?o hecho de oscuridad.
—?Lista? —Sevin preguntó suavemente desde atrás.
Genevieve cuadró los hombros cuando él alargó la mano hacia la peque?a cola que se extendía desde la parte trasera de su vestido. Sin embargo, antes de que él pudiera agarrarla, ella chasqueó la lengua y se?aló la piruleta que tenía en la boca.
—Eso tiene que desaparecer antes de que toques este vestido —le reprendió.
Suspiró lúgubremente mientras se sacaba el caramelo de la boca y lo arrojaba a un cenicero de cristal que había en el mostrador del bar. Levantó las manos para mostrarle que estaban limpias antes de volver a agacharse y recoger con cuidado el material sobrante entre los brazos.
—Así que tu hermano me quiere muerta, ?eh? —Genevieve preguntó.