Enchantra (Wicked Games, #2)(35)
Rowin avanzó un paso hacia su hermano, con una sonrisa peligrosa en el borde de los labios.
—Y no tendré piedad de ti si le pones un dedo encima a mi mujer.
Un escalofrío recorrió la espalda de Genevieve.
Rowin rodeó a Grave y comenzó a dirigirse a la salida, haciendo que Genevieve se escabullera lo más rápido posible antes de que él la descubriera espiando. Cuando llegó al vestíbulo, Genevieve apenas había conseguido volver al salón, con el corazón latiéndole como si la hubieran pillado.
Cuando Rowin irrumpió por la puerta unos instantes después, Genevieve supo dos cosas. La primera era que ella no estaba hecha para escapadas rápidas; nunca antes lo había necesitado. Y la segunda era que Rowin sabía que había estado escuchando a hurtadillas todo el tiempo. Un hecho puntuado por la mirada afilada de Rowin cuando se fijó en su piel sonrojada y en los movimientos extra?os y constre?idos de su respiración contra su corpi?o.
Sin embargo, antes de que pudiera acusarla de nada, le preguntó:
—?Por qué me he desmayado?
—Mi padre sospecha que tu sistema no fue capaz de manejar el bloqueo de Knox de tu magia en combinación con la magia que une nuestras vidas para la Caza —le dijo—. Yo también me sentí fatal por un momento.
—?Por qué demonios Knox bloqueó mi magia?
—No sólo la tuya —aseguró Rowin—. De todos. Durante la Caza, nuestros días se dividirán en dos mitades. Las horas de caza y las horas seguras. No se nos permite acceder a nuestra magia durante las horas comprendidas entre medianoche y mediodía, ya que es cuando tendrá lugar la Caza. A partir de ahora.
—Joder —maldijo.
Esto era desastroso. En Phantasma había sido capaz de atravesar todos los niveles sin preocuparse lo más mínimo. Hacerse invisible cuando el mundo a su alrededor se volvía demasiado intenso siempre había sido su salvación y la única forma de no meterse en líos.
—Bien, estás comprendiendo el alcance de la situación, entonces —aprobó Rowin—. Creo que es hora de retirarse a nuestro dormitorio para pasar la noche.
—?Qué mierda quieres decir con nuestro dormitorio? —exigió ella, alzando la voz.
Se abalanzó sobre ella para taparle la boca, pero ella lo rechazó con una mirada fulminante.
—Cuidado —advirtió sombríamente—. Muerdo.
Su mirada se entrecerró.
—Sí, soy consciente. —Aun así, se acercó—. Te imploro que bajes la voz. Knox está ahora mismo en el Infierno con mi padre, pero lo más probable es que esta noche se pasee por la casa mientras repasan los detalles de la Caza. Así que cualquier delicada sensibilidad que tengas sobre compartir habitación, tienes que superarla ahora.
Resopló. No era su sensibilidad la que era delicada. Era el hecho de que no quería que él estuviera a su alcance mientras ella dormía. Sus pesadillas ya la torturaban bastante; no necesitaba que él también las presenciara.
Ella inclinó la nariz hacia él.
—No.
Sus ojos dorados se oscurecieron.
—En realidad no estaba preguntando. No me hagas tirarte por encima del hombro otra vez. No me importa cuánto muerdas.
En cuanto esas palabras salieron de su boca, alguien irrumpió en la habitación. Dos personas: Sevin y Covin.
Covin dejó escapar un silbido bajo.
—Morder. Bonito.
Sevin inclinó la cabeza hacia Rowin.
—Y yo que pensaba que la asfixia era más lo tuyo.
Genevieve sonrió burlonamente a Rowin.
—Ahora que estoy dispuesta a intentarlo. He querido estrangularte desde la primera vez que te oí hablar.
Rowin puso los ojos en blanco mientras Sevin corregía:
—No creo que seas tú quien vaya a hacer el ahogamiento, cari?o.
Genevieve sintió que la parte superior de sus orejas ardía ligeramente ante la imagen que las palabras de Sevin evocaban en su mente, pero antes de que ninguno de ellos pudiera darse cuenta, un destello oscuro atravesó la habitación.
—Me sorprende que los tortolitos sigan levantados —ronroneó una voz áspera mientras una figura alta aparecía entre todos ellos—. Pensé que seguramente habría un cabecero rompiéndose en alguna parte justo ahora.
Aunque Genevieve no hubiera reconocido la voz, la forma en que Rowin se puso rígido al ver al recién llegado le habría dicho exactamente de quién se trataba.
Knox.
Era impresionante. La mayoría de los demonios lo eran. Pero incluso para esos estándares él era excepcional. Su rostro era todo ángulos refinados y líneas afiladas. Sus calculadores ojos violetas estaban enmarcados por gruesas cejas y pesta?as negras, su cabello del color de la obsidiana era más largo que el suyo y le colgaba de la espalda. Dos cuernos curvados sobresalían de la coronilla, y ella los reconoció inmediatamente como su Marca del Diablo.
—?Volviste tan pronto? —cuestionó Rowin al Diablo—. Pensé que estarías difundiendo el anuncio de nuestra boda a todo el Tercer Círculo durante el resto de la noche.