Enchantra (Wicked Games, #2)(114)



Finalmente, los dos salieron de la biblioteca para cenar con Ellin, que se pasó toda la comida divulgando todos los cotilleos sobre la infame familia Serpentine de la que Genevieve tanto había oído hablar en la celebración de su cumplea?os. Se preguntó si era así como se sentía Ophelia cada vez que Genevieve volvía a casa con historias de fiestas ruidosas o reuniones con sus amigos.

Después de cenar, Genevieve anotó en su diario los acontecimientos de la semana anterior, completando con meticuloso detalle toda la información que había estado descuidando. Intentó plasmar en sus sentimientos por Rowin, pero seguía sin poder definirlos, sobre todo ahora que tenía la paranoia de que él había hecho algún tipo de insidioso trato con Knox. Después de todo, el Diablo le había ofrecido muchas oportunidades para hacer tratos, y todos los demás habían dejado muy claro que el principal interés de Knox era crear un buen espectáculo para los que pagaban por verlo.

—Y entonces fueron cinco —se?aló Knox cuando por fin apareció en el salón de baile con el resto, arrastrando a Genevieve de vuelta al presente.

Sin preámbulos, el Diablo lanzó la Daga de la Caza al aire, y todos vieron cómo iba directa a Ellin.

—Oh, Covington Silver —Ellin se apartó un mechón de su cabello platino de la cara—, será mejor que corras después de lo de anoche.

Covin sonrió.

—Adelante, hermanita.

—?Juego? —preguntó Knox.

—Pájaros y piedras —declaró Ellin.

Knox asintió.

—Comiencen.

Grave y Covin se alejaron como de costumbre, pero Genevieve se sorprendió al ver que Rowin hacía lo mismo sin esperarla. Grave también pareció darse cuenta.

Corrió detrás de Rowin y vio cómo se metía en el tocador y cerraba la puerta antes de que ella pudiera alcanzarlo. Cuando llamó a la puerta, oyó un estruendo procedente del interior.

?Qué demonios?

La puerta se abrió de golpe.

—?De verdad no ibas a esperarme? —le espetó a Rowin—. O explicar qué demonios significa pájaros y piedras... ?Qué hiciste?

El espejo sobre el tocador se había hecho a?icos por completo. Su superficie ya no era reflectante, sino de un color negro latente. La encimera estaba llena de fragmentos de cristal y gotas de sangre negra. Miró el pu?o de Rowin. La piel de sus nudillos estaba abierta, pero ya se estaba curando.

Rowin tiró de ella hacia el tocador, encerrándolos dentro. Cuando Genevieve se miró al espejo, Rowin se pasó una mano por el cabello.

—El juego de Ellin es una jugada de dos pájaros de un tiro —explicó, monótono, como si ése fuera el tema más acuciante—. Si me hubieras dejado terminar el recorrido hace unos días, lo sabrías. Si ves a algún otro jugador en algún momento de la ronda, tienes que quedarte con él el resto del tiempo. Hace que sea más fácil para el cazador para conseguir que todo el mundo esté reunido. Aunque suele ser un juego que es mejor jugar antes.

—Rowin, ?qué ha pasado? —preguntó—. En Knoxium, ?qué mierda ha pasado? Porque ciertamente no actuabas así antes.

Su expresión no delataba nada.

—?Cómo estaba actuando entonces, “Problemas”?

—Como... como...

—Sé específica —se burló.

—No actúes como si no te importara... —empezó.

En un instante, la arrinconó contra la pared.

—Y ése es exactamente el problema —dijo, con tono áspero—. Me importas, Genevieve.

Era un pensamiento incompleto, pero no parecía capaz de obligarse a decir nada más. Su mente volvió a pensar en su encuentro con Knox. El Diablo debía de haberle ofrecido algo. ?Pero lo aceptó Rowin?

—Eres un cobarde —le dijo finalmente—. Sea lo que sea lo que no me estás contando... eres un cobarde.

Sus ojos brillaron de ira.

Antes de que él pudiera darle otra respuesta críptica o una vaga excusa de por qué se negaba una vez más a abrirse a ella, ella le espetó:

—Lárgate.

Levantó una ceja.

—?Quieres que me vaya?

—Sí —le dijo—. Encuentra tu propio lugar para esconderte.

?l asintió y, sin decir nada más, salió de la habitación. Ella se quedó allí durante un largo rato, mirando el papel pintado rasgado del lugar donde él había arrancado el espejo. Al final, salió y sus pies la condujeron de nuevo al vestíbulo y a la puerta principal. Y antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, se encontró de nuevo en el corazón del laberinto, tumbada en la nieve, deseando que llegara el entumecimiento que pronto volvería a sentir.





Pensó que esta vez sí lo había conseguido.

Había contraído hipotermia.

Se había quedado dormida accidentalmente en la nieve, so?ando con un bosque lleno de espejos, cada uno de cuyos reflejos mostraba un zorro de ojos dorados que sostenía un conejo muerto en sus fauces. Al menos Farrow ya no la perseguía. De hecho, no había so?ado con él desde...

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