Enchantra (Wicked Games, #2)(128)
—Los recuerdos de tu mujer, ?verdad? —musitó el Rey.
—Sí —afirmó Rowin con orgullo.
—Los recuerdos son cosas delicadas —le dijo el Rey—. Una vez que abandonan la mente por completo, se disipan como el humo en el viento. Por eso ocultar los recuerdos es mucho más ventajoso que destruirlos. Recuperarlos requiere mucha magia.
Rowin esperó.
—No apruebo especialmente que criaturas del Infierno se asocien con mortales —decidió el Rey—. Pero quizás por el precio adecuado consideraría ayudarte.
Rowin levantó la barbilla.
—Dilo.
La sonrisa del Rey era malvada.
—Quiero que uses tu nueva proximidad a mi hijo para convencerlo de que me haga una visita.
Rowin frunció el ce?o.
—No. Si Genevieve descubriera que traicioné a su hermana para recuperar sus recuerdos, nunca me lo perdonaría.
El Rey se encogió de hombros.
—Parece un problema personal. Si no puedes aceptar mis condiciones, puedes buscar ayuda en otra parte.
Rowin cerró los pu?os. Tenía que haber algo que pudiera dar. Se quedaría aquí el resto de su vida si tenía que hacerlo. Hasta…
Una idea atravesó su mente.
—?Qué hay de mi inmortalidad? —ofreció al Rey—. Si no crees que las criaturas del Infierno deban estar con los mortales, ?por qué no atas mi esperanza de vida a la suya?
El Rey se animó al oírlo.
—Interesante.
Se miraron fijamente durante un tiempo incómodo, el Rey parecía dispuesto a hacer que Rowin cumpliera su promesa de esperar allí para siempre.
Entonces, finalmente.
—Acepto tu intercambio. ?Tienes un objeto en el que pueda dibujar sus recuerdos?
Rowin se miró la mano y se arrancó el sello del dedo. El que solía ser su alianza de boda. Se lo entregó al guardia demoníaco que estaba en la base del estrado, y éste se lo pasó a su gobernante.
—Aquí está el truco —comenzó el Rey mientras movía el anillo de un lado a otro sobre sus nudillos—. Debes entregárselo personalmente y ella debe elegir ponérselo. Cuando lo haga, sus vidas se fusionarán. ?Estás de acuerdo con estas condiciones?
—Sí —dijo Rowin, con voz clara.
—Muy bien. Y cuando inevitablemente vuelvas a ver a mi hijo —la sonrisa del Rey se tensó ahora—, dile que espero pacientemente su regreso a casa.
Rowin asintió con la barbilla.
El Rey levantó entonces la mano hacia Rowin, y al principio éste no sintió nada. Entonces Su Alteza apretó el pu?o, y Rowin sintió cómo la antigua magia del Rey del Diablo atravesaba su cuerpo. Casi vomitó por todo el suelo pulido mientras una parte vital de él era arrancada de su alma, extraída de su magia y drenada de él por completo.
Cuando terminó, el rey se centró en el sello que Rowin le había dado, pero éste apenas pudo prestar atención a lo que sucedió a continuación. El peso de la mortalidad se abatió sobre él, revolviéndole el estómago. Se sentía débil, apenas capaz de mantenerse en pie. Buscó en su interior la magia de su núcleo y suspiró aliviado al ver que, al menos, permanecía intacta.
Un brillante destello de poder brotó de la mano del Rey y onduló por toda la sala, haciendo que Rowin se tapara los ojos. Cuando terminó, el Rey levantó el anillo entre los dos. Admirando su trabajo.
—Una eternidad a cambio de un breve momento en la vida de un mortal —reflexionó el rey mientras le devolvía el anillo a Rowin.
Rowin lo arrebató del aire con una sonrisa.
Rowin hizo una reverencia y se volvió para marcharse. Sin embargo, cuando llegó a la gran entrada, alguien se cruzó en su camino. Un demonio de ojos rasgados y carmesí y pelo largo y oscuro.
—Dale también a Salem un mensaje de mi parte —gru?ó el Diablo.
Rowin entrecerró los ojos.
—?Quién es usted?
—No importa —dijo el Diablo—. Sólo dile que voy.
50
La Verdad
Genevieve salió corriendo de su habitación y bajó las escaleras.
Rowin. Rowin. Rowin.
Sus pasos debieron de ser bastante ruidosos, porque Salem apareció mientras se ponía el abrigo en el vestíbulo.
—?Qué mierda estás haciendo, Vivi? —preguntó—. Es medianoche.
—Rowin —se apresuró a decir—. Rowin. Mis recuerdos. Enchantra. Knox. Oh joder.
—?Qué? —Salem preguntó mientras se congelaba.
—La cura, Salem. ?La cura! Tengo que decírselo a Rowin. Tengo que decírselo a Grave. Knox me quitó el recuerdo, pero la magia del Rey debe habérmelo devuelto —murmuró para sí misma.
Salem la miraba como si se hubiera vuelto loca. Y tal vez lo había hecho.
Entonces, cuando le devolvió su mirada esmeralda, preocupada, algo más acudió a su mente. Un nombre con el que solía llamarle.