Enchantra (Wicked Games, #2)(123)



—Verdad. Verdad. Mentira.

—?Qué está pasando? —gru?ó Knox.

Detrás de él, Grave levantó una mano. Y congeló al Diablo en su lugar.

Knox rugió, y Genevieve vio cómo cada músculo del cuerpo de Grave se tensaba por el esfuerzo, las venas de sus bíceps se abultaban tanto que pensó que podrían reventar.

—Hazlo —dijo Grave entre dientes apretados—. No puedo retenerlo por mucho tiempo.

Genevieve se ci?ó el collar al cuello y abrió el medallón. Todo había empezado cuando vio por primera vez el Candado del Alma. Pero cuando le contó a Rowin su idea, ambos supieron que tendrían que convencer a Grave. No había sido fácil, sobre todo después de la pelea en el dormitorio de Rowin. Les había llevado horas, cerca de un millón de promesas e invocar el nombre de Salem innumerables veces, pero finalmente lo habían convencido de que esta era su última oportunidad de salvar a toda su familia.

Grave había ido a ver a Knox a primera hora de la ma?ana y le había planteado la idea de capturar el alma de Genevieve en lugar de matarla. También había sugerido que Knox podría poner a ambos hermanos en contra de Genevieve. Que podría levantar su magia para no dejar ninguna duda. El público de Knox quedaría paralizado.

—No puede resistirse a un buen espectáculo —había dicho Rowin. Y tenía razón.

—?Listo? —Preguntó Rowin.

Genevieve empezó a asentir y luego se detuvo.

—?Rowin?

—?Sí? —susurró.

Genevieve había ido a Enchantra en busca de la razón por la que sentía que nunca había pertenecido a su familia. Y la había encontrado. Alguien que la hizo parte de su propia familia. Tanto si estaba preparada como si no.

Había pasado mucho tiempo en el último a?o queriendo ser la chica que había sido antes de que Farrow le rompiera el corazón. Antes de que incendiara sus esperanzas y sue?os y la sumiera en la oscuridad. Pero Rowin tenía razón.

La luz estaba donde ella estaba.

—?Pueden apurarse, maldita sea? —bufó Grave, ya con evidente esfuerzo.

—Soy tuya —juró—. Cuida bien de mi alma, ?de acuerdo?

Luego se agachó para envolver con su agarre la mano de él, la que sostenía la hoja, y sin vacilar le obligó a atravesarle el corazón con el cuchillo.





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  Desvaneciéndose





Cada centímetro de su piel parecía arder mientras miraba la hoja que le salía del pecho. Y por una vez las llamas no la asustaron, porque era él quien la encendía.

Como si se estuviera observando a sí misma desde arriba, vio cómo Rowin sacaba el cuchillo de su cuerpo, extrayendo junto a él una resplandeciente luz azul. Rowin levantó el medallón abierto hacia la extra?a energía azul, y el Candado de Almas la succionó inmediatamente hacia su interior antes de cerrarse de golpe.

—Te tengo —susurró.

Vio lágrimas en los ojos de Rowin. Pero antes de que pudiera levantar una mano para consolarle, todo empezó a desvanecerse lentamente en negro.

Rowin.

Rowin.

Row...

Ro...

...

...





De vuelta al Comienzo





46




Profundos Problemas


Cuando Genevieve despertó, lo hizo con la mente confusa y en un lugar familiar. Abrió los pesados párpados y entrecerró los ojos en la oscuridad del dormitorio de su infancia. Sentía los miembros pesados y la boca seca mientras se sentaba lentamente contra el cabecero de la cama. Se frotó los ojos aturdidos con los pu?os, intentando despejar la niebla de su cerebro mientras buscaba en sus recuerdos alguna pista de cómo demonios había llegado a casa.

Lo último que recordaba era un carruaje que la dejaba frente a una puerta de plata, con una invitación en la mano...

—Ah, por fin te has despertado.

Genevieve dio un grito ahogado y levantó la mano para agarrarse el corazón ante la repentina aparición de Salem a unos metros de distancia. Odiaba que parpadeara de ese modo, pero no tenía la sonrisa de satisfacción que solía mostrar cuando conseguía pillar a alguien desprevenido. De hecho, parecía bastante serio. Lo cual era terriblemente desconcertante.

—Te has metido en un buen lío —dijo, como un hermano mayor desaprobador. Metió la mano en una bolsa de papel marrón y sacó un trozo de lo que parecía... ?regaliz negro?

Genevieve le miró con curiosidad mientras se metía el caramelo en la boca, haciendo una mueca de dolor al masticar.

—?No te amenazó Ophie con estrangularte si no perdías ese odioso acento sure?o?

Tragó saliva y cogió otro caramelo.

—Ophelia está fuera en el barrio. Lo que significa que tienes que lidiar conmigo y mi horrible acento como castigo.

—?Castigo? —preguntó ella cuando él volvió a morder el caramelo e hizo una mueca—. ?No te gusta el regaliz o algo así? Parece que te duele.

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