Enchantra (Wicked Games, #2)(86)



—Lo siento —dijo ella mientras él suspiraba y vaciaba el agua de la ba?era—. Te juro que no es mi intención hacer siempre tanto lío.

?l la miró dubitativo, pero no pareció inmutarse mientras agarraba más toallas para limpiar lo que ella había ensuciado. Algo en verlo hacer una tarea tan mundana y doméstica le calentó la barriga, y al instante giró hacia el tocador, para distraerse con su cabello. Apartó la esquina de la toalla que cubría el espejo para ver su reflejo. Una mirada al horrible estado de su cabello y soltó un grito desgarrador, volviendo a tapar el espejo antes de que alguien más pudiera echar un vistazo también a la atrocidad.

—?Qué ha pasado? —preguntó él, apareciendo detrás de ella.

Se?aló la imposible mara?a de nudos en sus rizos casta?os.

—Mi cabello.

Empezó a tirar de las hebras para intentar desanudarlas, pero cuanto más tiraba, más se agravaban los nudos y el estómago se le retorcía de desesperación. No había forma de alisarlos sin cortarlo, y aquel trágico pensamiento hizo que las lágrimas que había estado guardando bajo llave durante los últimos días se derramaran por sus mejillas.

—No, no, no —gritó, moqueando desesperadamente mientras sus manos empezaban a temblar.

Todo era un poco demasiado. Un poco demasiado obvio. Sus emociones eran un desastre enredado. Su vida sexual era un desastre enredado. Aunque había prometido que no habría complicaciones desde el principio. Y ahora, su cabello.

Los hombros de Rowin pesaron con el peso de su exasperación mientras apartaba las manos de ella de los zarcillos enredados y murmuraba:

—Apu?alada en el hombro con una daga mágica y casi desangrada: sin lágrimas. Casi devorado por pira?as: sin lágrimas. Pero unos nudos en el cabello y...

—Para ti es fácil decirlo cuando te levantas todos los días con ese aspecto —resopló mientras se giraba hacia él.

Levantó una ceja, con una sonrisa en los labios mientras se burlaba:

—?Qué aspecto?

Sus lágrimas disminuyeron a medida que aumentaba su frustración.

—Sabes exactamente qué aspecto. No voy a quedarme aquí y decirte lo atractivo que eres cuando definitivamente ya lo sabes.

—Mientras sólo sea atracción. —?l asintió mientras le ponía las manos sobre los hombros y la obligaba a mirar de nuevo al espejo cubierto. Cuando sacó un peine de púas finas del cajón del tocador, se le erizó la piel al oír sus palabras y lo que implicaban, y su ira no hizo más que aumentar.

—Porque sería terrible que realmente disfrutara de la compa?ía de mi marido, ?verdad? —preguntó con una fuerte dosis de sarcasmo, pero contuvo la respiración mientras esperaba su reacción.

Tal vez fuera el hecho de que casi había muerto, o el placer que él le había dado después, bombeando demasiada adrenalina en su sistema, pero todo lo que sabía era que estar cerca de él le hacía sentir algo, y no era sólo porque resultaba ser tan pecaminosamente guapo.

—Quédate quieta —le dijo—. Y, sí, sería terrible. Por muchas razones. Estamos jugando, Genevieve.

Ella volvió a girarse hacia él, y sus sombras se alzaron de repente en el aire, rodeando sus mu?ecas y su cintura para inmovilizarla contra el mostrador mientras él se inclinaba sobre ella con mirada exasperada.

—Deja de moverte o lo empeorarás —exigió.

Intentó zafarse de sus manos de sombra, pero no cedieron.

—Por el amor de Dios, “Problemas”. ?Qué ha pasado? Tu humor cambió incluso antes de que salieras de la cama, ?qué pasó? ?Qué he hecho?

—Nada —le dijo ella, con las palabras casi atascadas en la garganta—. Eras... eres... asqueroso. No sé cuándo empezaste a volverte tolerable en los últimos días, pero lo odio. Te dije que no era la chica para esto. No soy buena fingiendo. No puedo actuar como si no acabaras de darme el mejor placer de mi vida... oh, deja de sonreír. —Ella la miró mientras él intentaba ocultar su sonrisa tosiendo en su pu?o—. Se supone que este matrimonio es un juego, pero me siento como un peón y no como un jugador.

—?Qué es lo que necesitas de mí? —preguntó, sinceramente—. Dímelo y lo tendrás.

Tragó saliva. La intensidad de su mirada, su proximidad y la extra?a y vibrante sensación de sus sombras alrededor de su piel eran demasiado para ella como para formar pensamientos coherentes.

—?Te digo que puedes pedirme lo que quieras y ahora quieres callar? —murmuró.

—No creo que debamos intimar más —susurró—. No estoy segura de poder...

—Manejarlo —estuvo a punto de decir, pero entonces volvió a su mente la anterior proposición de Knox, y pensó que tal vez lo que realmente necesitaba hacer era replantear las cosas en su mente.

—Todo lo que hagamos a partir de ahora es para el espectáculo —decidió—. Nada de darnos las gracias si no es para el público. Cuando Knox me buscó antes de que encontraras a Grave intentando asesinarme en la biblioteca, nos hizo una proposición a ti y a mí: dar a su público un poco más de emoción. Así que, si vas a arruinarme para todos mis futuros amantes, al menos quiero sacar algo de ello. Quiero ganar el Favorito.

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