Enchantra (Wicked Games, #2)(84)



—?Por qué?

—Puedes decirme que pare en cualquier momento. Y si no puedes hablar, chasquea, ?entendido?

Se preguntó en qué clase de cosas andaría metido para que fuera necesario un sistema así.

?Y voy a conocerlas de primera mano?

Como si supiera exactamente lo que ella estaba pensando, explicó:

—Covin es un gran partidario de los chasquidos. Sus gustos son mucho más sádicos que los míos, pero las formas extra de comunicación nunca vienen mal cuando las bocas están... ocupadas.

Tuvo que tragarse otro gemido ante las imágenes que sus palabras evocaban, y se dio cuenta de lo excitada que estaba. Soltó una carcajada y volvió a agacharse para lamerle los pechos una vez más, haciendo que sus sonrosados capullos se tensaran casi dolorosamente mientras su excitación empezaba a empapar las sábanas que tenía debajo. ?l se cuidaba de mantener todo su peso sobre los antebrazos mientras la excitaba con su boca, lo que significaba que ella no recibía ninguna fricción donde más la necesitaba.

—Tócame —suplicó.

—Te estoy tocando —dijo, dando un perezoso remolino con la lengua.

—Fóllame, entonces —gru?ó.

?l había movido la mano entre sus cuerpos y las yemas de los dedos rozaban suavemente el punto más sensible de su cuerpo. Ella trató de retorcerse más cerca, pero las sombras de él sólo tiraron de ella con más fuerza, juntándole las mu?ecas y estirándole los brazos por encima de la cabeza mientras le separaban las piernas. Volvió a reír mientras se levantaba para arrodillarse entre sus piernas, recorriendo su figura con la mirada mientras disfrutaba de su tormento.

—No voy a follarte —le dijo mientras extendía una mano sobre las curvas de su vientre—. Todavía.

—Pero... —empezó a protestar.

—Se supone que debo darte las gracias, ?recuerdas? —Cambió su mirada de nuevo a la de ella—. Déjame mostrarte lo que es tener mi gratitud, “Problemas” —Bajó la mano que tenía en el abdomen, con una lentitud angustiosa, hasta que el pulgar volvió a rozar aquel lugar paradisíaco—. Si pensabas que era un oponente incansable, espera a verme como amante.

Apenas podía concentrarse en lo que él decía cuando por fin le dio la fricción que necesitaba, presionando con el pulgar sobre su clítoris y frotando círculos lánguidos y apretados sobre el capullo de nervios. Ella maulló de placer mientras se sacudía contra sus bandas sombrías, pero éstas no cedieron ni un ápice de piedad, como tampoco lo hizo Rowin. Sin levantar el pulgar, deslizó los dedos índice y corazón dentro de ella, curvándolos hacia delante y bombeándolos hasta que ella empapó su mano con su excitación.

—Por favor —jadeó—.,Necesito...

—?Qué necesitas? —murmuró mientras la observaba retorcerse—. Sé específica.

—Necesito que me saborees —le dijo, la voz sensual que salía de sus labios casi irreconocible para sus propios oídos—. Necesito sentir cómo me adoras.

Sonrió con satisfacción.

—Soy una criatura del Infierno, adorar no suele estar en mi naturaleza. —Luego bajó entre sus piernas y sacó la lengua para saborearla—. Pero durante el tiempo que permanezcas en mi cama, la convertiré en tu santuario.

—Joder —gritó Genevieve.

Varios zarcillos nuevos de sus sombras se separaron de los otros para empezar a acariciarle la piel, apretándose alrededor de los pezones y enredándose en su cabello mientras Rowin le pasaba la lengua una y otra vez. Su técnica era magistral, la punta de la lengua trazaba lentos círculos sobre su clítoris hasta que ella estuvo al borde del éxtasis. Sin embargo, justo antes de que llegara al borde del abismo, sus miembros en la sombra se tensaron lo suficiente como para resultar dolorosos, cortando su placer y apartándola de su clímax . Ella sintió que él sonreía mientras acercaba su lengua a la entrada de su vagina, tratando de llevarla de nuevo al límite.

Siguió devorándola hasta que ella temió no poder soportarlo más, sus atenciones tan implacables como decía que serían. Y cuando ella se acercó de nuevo al umbral del clímax, él hizo que sus sombras la apartaran una vez más.

—Juro que te mataré —gru?ó ella, pero él sólo se rio mientras se alejaba.

—Respira hondo, “Problemas” —le dijo, con voz ronca de lujuria—. Vas a necesitarlo.

Mientras hablaba, sus sombras empezaron a deslizarse por su cuerpo -excepto las que le sujetaban las mu?ecas y los tobillos-hasta llegar a su sexo. Rowin observó, de rodillas ante ella, con los ojos entornados cómo su magia empezaba a darle placer, convirtiéndola en un mar de gemidos. Y cuando la penetraron, dándole la plenitud que ansiaba desesperadamente, gritó.

Olas de éxtasis se abatieron sobre Genevieve una y otra y otra vez mientras sus sombras bombeaban dentro y fuera de ella, exprimiendo hasta el último aliento que le quedaba por dar.

Cuando por fin empezó a bajar, la magia de las sombras se disipó como el humo y Rowin volvió a sujetarla por los tobillos con la mano, masajeando suavemente el escozor de su agarre en su piel. Su pecho se agitó mientras intentaba recuperar el aliento. Intentó formar un pensamiento coherente.

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