Enchantra (Wicked Games, #2)(89)



Ella clavó su mirada en la de él.

—Eso es —murmuró—. Y recuerda que puedes parar si quieres. Si algo es demasiado intenso y no es algo con lo que te sientas cómoda que otros lo vean.

—Lo mismo digo —susurró.

Sonrió satisfecho.

—No creo que eso sea algo de lo que tengas que preocuparte, “Problemas”.

Otra vez ese reto.

La sonrisa que se dibujó en sus labios fue inocente al principio. Dulce. Recostó los hombros contra la pared detrás de ella, inclinando ligeramente la pelvis hacia adelante, no de manera descarada, sino como quien se acomoda. Había recogido sus rizos en un mo?o francés despeinado, así que los únicos mechones que le quedaban para enredar en sus dedos eran los que enmarcaban su rostro. Y con eso se conformó.

—?Sabe lo que pienso, Se?or Silver? —tarareó mientras lo miraba a través de sus espesas pesta?as, golpeándose el labio inferior con el dedo índice como si estuviera pensativa. Intentaba atraer su mirada hacia su boca. Y funcionaba. Siempre funcionaba.

—?Qué te parece? —preguntó, con voz cada vez más grave.

—Creo que deberíamos demostrar a todo el mundo lo dispuesto que estás a ponerte de rodillas para mí —canturreó, moviendo las caderas hacia delante hasta que esta vez se apretaron un poco más contra las suyas.

Meneó el cuerpo de un lado a otro, como si estuviera ajustando su postura, pero cuando vio que sus pupilas se dilataban y sintió la dureza que crecía bajo su cinturón, supo que lo tenía exactamente donde quería.

—?Quieres que me ponga de rodillas, “Problemas”? Entonces me arrodillaré. Pero primero...

Usó sus sombras para deslizarse alrededor de sus muslos, tirando de sus piernas hacia arriba y alrededor de su cintura en un movimiento fluido sin levantar ni uno solo de sus dedos. De hecho, apoyó las palmas de las manos contra la pared, a ambos lados de la cintura de ella, como si quisiera demostrar que podía excitarla sin siquiera usar las manos.

Se inclinó hacia ella para darle un beso abrasador en la clavícula expuesta, mientras otras extensiones de sombra se hundían en su cabello, ejerciendo una suave presión en distintos puntos del cuero cabelludo, las sienes, los sensibles huecos de la nuca. Cuando su boca comenzó a ascender por el costado de su garganta, el anillo de su labio rozando deliciosamente su piel, todo su cuerpo vibraba de deseo. Y cuando sus labios llegaron al delicado lugar detrás de su oreja izquierda, sintió sus sombras rozando lentamente el interior de sus muslos hacia el vértice palpitante entre sus piernas. Sintió que su cuerpo se retorcía más cerca del de él. Tenía los pezones en punta, ansiosos de fricción. Su excitación empapaba su ropa interior mientras su núcleo buscaba la presión que ansiaba. Le clavó la longitud endurecida dentro de los pantalones justo en aquel sensible manojo de nervios bajo las faldas y, al mismo tiempo, le apretó un collar de sombras alrededor del cuello, haciéndola ahogar el gemido embriagador que salía de su garganta.

—Joder —se atragantó, prácticamente jadeando al sentir la sonrisa de él contra su mejilla.

—Silencio —le ordenó mientras sus sombras le apretaban un poco más la garganta para enfatizar sus palabras.

—Estoy siendo silenciosa...

Sus sombras se tensaron como castigo por su desobediencia y ella gimió, deseando que se tensaran también en otros lugares. Nunca había sentido tantas sensaciones abrumadoras en toda su vida, y necesitaba más.

Ella le clavó las u?as en los hombros mientras su boca bajaba hasta la mandíbula y la besaba mientras él volvía a avanzar. Sus sombras subieron aún más por debajo de sus faldas, rozando su ropa interior con un ligero toque de pluma. Accidentalmente, ella dejó escapar otro gemido, y toda la presión que él había estado ejerciendo sobre ella se desvaneció, excepto el doloroso apretón alrededor de su garganta.

Ya se había burlado bastante.

Agarró la parte delantera de su camisa y le acercó la boca a la suya, sus labios chocaron con hambre. Mientras sus lenguas se enredaban, sus manos se deslizaron hasta su cabello, enroscando los mechones más largos alrededor de sus dedos y tirando de ellos como venganza por sus burlas. Sabía igual que la miel de su aroma. ?l gru?ó de placer y ella se tragó el sonido, tirando con más fuerza mientras el cuerpo de él respondía con entusiasmo, apretándola aún más contra la pared. Cuando él se apartó un poco para dejarles respirar, ella mordió el peque?o aro dorado de su labio y tiró suavemente de él con los dientes.

Por la forma en que cada músculo de su cuerpo se tensó, y la maldición que dejó escapar de su boca, ella adivinó que había disfrutado.

Ella soltó una risita, y él volvió a capturar su boca con la suya, amortiguando el sonido mientras, por fin, le ponía las manos encima. Una mano empezó a subirle la falda hasta la cadera, mientras la otra se extendía a un lado de su cara para colocarle la boca en una posición más adecuada para que él pudiera profundizar el beso. Los músculos de su vientre se tensaron cuanto más se acercaba la mano de él a la fuente de su excitación, y necesitó todo su autocontrol para no rogarle que la tocara allí.

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