Enchantra (Wicked Games, #2)(122)
Knox le sonrió.
—No si me quedo con tu alma y amenazo con torturarla por toda la eternidad si mira en mi dirección.
Genevieve miró a Rowin, pero él tenía la mirada fija al frente.
—Así que, esta es mi oferta, chicos: Si ella muere, dentro de una hora, los liberaré a ustedes y al resto de sus hermanos de sus contratos conmigo. Para siempre. Con efecto inmediato.
A Genevieve se le apretó el pecho. El Diablo estaba sacando todos los ases que tenía.
—Y se lo voy a poner muy fácil —continuó Knox—. La Daga de la Caza me entregará su alma. Rowington, he levantado el encantamiento que ataba tu vida a la de ella. Incluso les devolveré a ambos su magia. Ya que ella parece ser tan escurridiza.
Genevieve retrocedió un paso cuando Grave giró hacia ella... no. No hacia ella. Hacia Rowin. Que aún no había reaccionado a las palabras de Knox.
—?Quieres los honores? —preguntó Grave a su hermano—. ?O quieres que me encargue yo?
—Qué noble —dijo Knox mientras presionaba una mano burlona sobre su corazón—. No hacer que tu hermano mate a su propia esposa.
Genevieve negó con la cabeza mientras se alejaba del círculo.
—No.
Knox le sonrió con suficiencia, y el latido de su corazón empezó a rugir en sus oídos.
Rowin se volvió hacia ella y su máscara de apatía desapareció por fin.
Sonreía como el zorro que por fin ha cazado a la liebre.
—Quiero que sepas, por si sirve de algo, que lamento profundamente lo que voy a hacer —le dijo.
44
La Liebre
Genevieve echó a correr. Como la presa que el Diablo siempre esperó que fuera.
Su mente iba a toda velocidad cuando irrumpió en el vestíbulo y corrió hacia la puerta principal. Empujando las piernas hasta que le ardían, corrió hacia el laberinto. A estas alturas, conocía cada recodo como la palma de su mano.
Mientras corría por el laberinto, se veía a sí misma en los espejos de las paredes espinosas. Una chica salvaje con un hermoso vestido perseguida por el zorro que le había robado el corazón.
Al chocar contra el centro del laberinto, se encontró con que Rowin ya la estaba esperando.
Grave apareció justo detrás de su hermano.
Knox apareció a continuación, justo al lado de Grave, con una sonrisa de oreja a oreja. Su anillo estaba tan caliente que casi se le derretía la piel.
—Gracias —le dijo Knox, sinceramente—. Esto va a ser un gran final.
Rowin empezó a avanzar. Y Genevieve retrocedió, hasta chocar con uno de los setos.
El infierno estaba hecho de remolinos de oscuridad y secretos, igual que el hombre que tenía delante.
—Te detesto —maldijo mientras los zarcillos negros de magia que se deslizaban desde las manos de él le rodeaban las mu?ecas y la garganta, empujándola de nuevo contra la pared del laberinto. La energía sensual que siempre zumbaba sobre su piel cuando él estaba tan cerca la hizo apretar los dientes mientras resistía la inyección de atracción que calentaba lentamente sus venas. La última vez que sus sombras la envolvieron así, había mucha menos ropa entre ellos.
Siguió a sus sombras, acechando hasta que su pecho se apretó contra el de ella.
—Amor. Asco. Misma pasión, distintos nombres —le dijo—. Y con qué facilidad y rapidez puede desdibujarse la línea, ?no crees?
—No —gritó—. Creo que nunca tendré más claro que el agua que te odio.
Inclinándose lentamente, hasta que sus labios estuvieron junto a su oreja, le dijo:
—Demuéstralo.
Knox rio encantado detrás de él.
Entonces Rowin le susurró:
—?Dos verdades y una mentira? —Por encima de su hombro, vio que Knox y Grave compartían una mirada de confusión.
—Vete a la mierda. Como si fuera a creer una sola palabra de tu boca después de esto.
—Vamos, “Problemas”, juega conmigo —se burló Rowin, con una sonrisa socarrona en la boca.
—Bien. —La sonrisa que le dedicó ahora era despiadada—. Adelante.
—Me quieres —empezó.
Se le hizo un nudo en la garganta.
Extendió la mano y le tomó la cara con suavidad, rozándole la mejilla con la yema del pulgar mientras hablaba.
—Eres mía.
Apoyó la frente en la de ella.
—Y finalmente. Tu plan es brillante, pero no creo que vaya a funcionar.
El corazón de Genevieve seguía acelerado por las dos primeras cosas que había dicho. Cuando habían urdido el plan las dos últimas noches, ella le había dicho que la sorprendiera con los secretos que eligiera. Un último jueguecito sólo para ellos.
—?Qué mierda está pasando? —Knox estalló, dando un paso adelante.
Genevieve sonrió cuando Rowin aflojó su agarre sobre ella y sacó el Candado de Almas de su bolsillo.