Enchantra (Wicked Games, #2)(76)
—?Pensé que no bebías whisky?
Genevieve aspiró sorprendida mientras buscaba a Rowin en la oscuridad, encontrándolo sentado contra la pared del fondo, con los codos apoyados en las rodillas dobladas mientras la observaba con expresión ilegible. Umbra estaba acurrucada contra su cadera, profundamente dormida.
Hubo un rato de silencio mientras Genevieve se ajustaba el vestido, y él se puso en pie para caminar hacia ella. Umbra emitió un parloteo de protesta por haber sido molestada.
—Si querías que te estrangulara, sólo tenías que pedírmelo —murmuró mientras se acuclillaba ante ella y pasaba la yema del pulgar por la tierna piel de su garganta—. No habría dejado ninguna marca.
Sintió que las puntas de las orejas se le calentaban al oír sus palabras, pero se limitó a mirarlo con desprecio mientras le hacía un gesto para que se levantara. Un dolor sordo le atravesó el tobillo, pero trató de que no se notara mientras se acercaba cojeando al carrito del bar. Agarró la bandeja de espejo que estaba encima y la levantó para inspeccionar el anillo morado e inflamado que tenía alrededor del cuello.
—Esto se ve terrible —se quejó.
—?Estás cojeando? —Preguntó Rowin.
—Me resbalé en las escaleras al subir —explicó cuando él se agachó de nuevo frente a ella y le apartó las faldas para verle el tobillo hinchado—. Mi pie atravesó una de las tablas y mi gargantilla se enganchó en una astilla que sobresalía de la barandilla. Ese Diablo puede forjar guardas más fuertes que el acero en las puertas de entrada y crear tierras de fantasía dentro de los dormitorios, pero ?no puede ocuparse de unas cuantas tablas de madera podrida? ?Quién hace el mantenimiento aquí?
—Yo. Knox sólo visita Enchantra durante la Caza. Preparo las habitaciones de todo el mundo antes de que regresen, pero arreglar los escalones rotos de los pasadizos secretos ha quedado relegado a un segundo plano mientras he estado buscando la cura —dijo Rowin. Le apretó suavemente el tobillo, provocándole un silbido a pesar de su cuidado—. Es un esguince. Déjame ver el corte de tu costado.
Se apartó de él mientras se ponía en pie.
—Estoy bien.
—?Estás bien para ir a otra habitación, entonces? —pinchó—. ?Para huir si es necesario?
—?No podemos quedarnos aquí?
—Ya llevamos un rato aquí. Creo que deberíamos intentar pasar a una de las habitaciones encantadas —razonó—. No deberías haberte desmayado así. Si no hubiera sido yo quien te encontró....
—Lo sé —dijo ella, sinceramente.
Su mirada se iluminó de sorpresa y ella puso los ojos en blanco.
—Tuve un momento de debilidad y vi el whisky y no sé qué me pasó —admitió—. También me encontré con Remi antes, y se hacía pasar por ti, así que han sido unas horas extra?as.
—?Pasó... pasó algo? —preguntó él, la seriedad de su expresión le dio ganas de reír.
—Define pasó algo —bromeó.
Le tembló un músculo de la mandíbula.
—Si te ha tocado...
—Si no lo supiera —interrumpió ella antes de que él pudiera exaltarse demasiado—, podría pensar que está celoso, Se?or Silver.
La miró con dureza, como diciendo que había perdido la cabeza, pero lo único que dijo fue:
—?Vas a poder apoyar el pie?
—?Si digo que no? —preguntó.
Le sonrió con satisfacción. Y antes de que ella pudiera protestar, la cogió en brazos y la acercó a la estantería giratoria.
—Creía que esto no se podía volver a abrir hasta que se reseteara —dijo mientras giraban hacia la biblioteca.
—Dije que no se podía abrir desde el lado de la biblioteca hasta que se restableciera —corrigió.
Justo cuando la pared dejó de girar y él la puso de nuevo en pie, Genevieve sintió la sensación de quemazón en la mano.
—Rowin... —jadeó, pero era demasiado tarde.
—Y pensar que venía aquí a tomarme un descanso —dijo Remi mientras se pavoneaba al entrar en la habitación.
Rowin cruzó los brazos sobre el pecho mientras miraba a su gemelo.
—Yo no buscaría pelea conmigo ahora mismo, Remington. No después de lo que hiciste con mi esposa.
—Yo diría que tu mujer y yo estamos empatados después de que me arrancara ese ridículo trozo de metal del labio —razonó Remi.
Rowin enarcó las cejas y desvió la mirada hacia ella.
—?Hiciste qué?
Genevieve se encogió de hombros.
—Agradece que viví esa fantasía con él y no contigo.
Los ojos de Rowin se iluminaron con un brillo perverso. Remi gru?ó irritado, desenvainó la Daga de la Caza y apuntó con ella a Rowin.
—Acabemos con esto de una vez.
Y entonces Remi se lanzó hacia delante. Saltó sobre la mesita de café que había en medio de la zona de asientos y utilizó su superficie de madera para impulsarse sobre el sillón, balanceándolo hacia atrás con su peso hasta que cayó y le dio el impulso arqueado perfecto para clavar la Hoja en el hombro de Rowin. Genevieve trató de ahogar su grito de sorpresa cuando la hoja hizo contacto, pues esperaba que Rowin esquivara el golpe, pero estaba claro que eso era exactamente lo que Rowin pretendía.