Enchantra (Wicked Games, #2)(79)
—Impactante —murmuró Rowin.
Le dio una patada con el pie bueno mientras continuaba: —El camarero le había pillado y se disponía a hacer que alguien lo echara, pero por suerte se me da bastante bien fingir que me desmayo.
Rowin resopló.
—?Y cómo se hace uno bueno fingiendo desmayarse?
—Llevar corsés.
—Mmm —permitió—. Continúa.
—De todos modos, creé una distracción. El camarero se apresuró y Farrow escapó con su botella. Una vez que me recuperé mágicamente, lo busqué, pero no pude encontrarlo.
Ojalá hubiera sido así. Parpadeó mirando las estrellas y se armó de valor para contar el resto de la historia. A pesar de ver a Farrow en sus pesadillas casi todas las noches, hablar de él en voz alta le resultaba mucho más tortuoso.
Algo rozó el dorso de su mano: Las yemas de los dedos de Rowin.
Suave. Reconfortante.
Respiró hondo.
—De camino a casa, decidí parar en el Riverwalk. Es mi lugar favorito de Nueva Orleans. Bajo las estrellas y el resplandor de las lámparas de gas, mirando al agua, podía fingir que estaba al borde de algo más grande en lugar de estar atrapada donde estaba. Donde siempre había estado. Y como el destino lo quiso -la perra cruel-ahí fue donde encontré a Farrow con un grupo de sus amigos. Y por supuesto el bourbon. Fue la primera vez que me emborraché fuera de la mansión Grimm. Me llevó a su casa, una mansión extravagante en Garden District. El tipo de glamour con el que siempre había so?ado. Cuando sus amigos se fueron, fue la primera vez que estuve a solas con un chico. La primera vez que...
Sus palabras se llenaron de emoción. Su primer encuentro sexual no había sido doloroso, incómodo ni vergonzoso. Farrow había sido amable y apasionado, y todo lo que ella había so?ado para sí misma. Al menos, a esa edad tan delicada.
No la había echado de su cama en cuanto terminó. No se había negado a abrazarla. Y durante mucho tiempo había guardado el recuerdo de aquella primera noche juntos cerca de su corazón.
Rowin esperó pacientemente a que ella encontrara sus siguientes palabras, pero se dio cuenta de que tenía toda su atención.
—Después de esa noche, prometió volver a verme —susurró—. Y lo hizo. Me cortejó durante todo el verano, llevándome a lugares donde nunca había estado, dándome experiencias que nunca pensé que tendría. Su familia es muy rica. El tipo de ricos que tiene un conjunto diferente de platos para cada ocasión que se pueda imaginar. Del tipo que tiene su nombre en edificios históricos y se?ales de tráfico. Del tipo que envía a sus hijos a prestigiosos internados fuera del estado para que reciban la mejor educación posible.
—Ah —murmuró Rowin.
Se?aló el cielo con la cabeza.
—Estaba destrozada. No salí de la cama durante un mes. Mi madre apenas se dio cuenta. Ophelia sí, pero yo nunca le había hablado de él, ni de lo lejos que habían llegado las cosas, así que mentí y aprendí a ocultarle la verdad. Farrow prometió escribirme hasta que volviera por mí. Las cartas llegaron semanalmente al principio. Luego un par de veces al mes. Luego una última carta en mi decimosexto cumplea?os antes de... nada. Pasé a?os superándolo. Traté de usar a otros para sacarlo de mi sistema. Y finalmente funcionó. Por fin había dejado de pensar en él. —Arrancó un pu?ado de hierba que tenía a su lado—. Y entonces ese cabrón volvió.
Se sentó frustrada, revolviendo las briznas de hierba que tenía en la mano y rompiéndolas en pedacitos. Rowin también se sentó, dobló las rodillas hacia el pecho y apoyó la mejilla en el pu?o mientras la miraba.
—?Supongo que esta historia da un giro que la empeora?
Soltó una amarga carcajada de confirmación.
—Volvió y actuó como si nada hubiera pasado. Como si no me hubiera arrancado el corazón cuando se fue, y yo no hubiera pasado a?os intentando librarme de él. Le dije en cuanto llegó que me dejara en paz. Había hecho otros amigos -Luci, Iris, Basile-y había estado bien sin él. Era el primer grupo del que realmente formaba parte. Y él también tuvo que envenenarme. Basile y él se hicieron inseparables. Había presentado a Iris a su hermano, y ella estaba enamorada. Me rogaba constantemente que saliera con ellos. Luci era la única que estaba de mi lado, pero su familia atravesó tiempos difíciles y se distanció durante un tiempo.
—No me digas que acabaste por ceder —dijo Rowin.
—Claro que no —se burló—. Le hice trabajar por ello. Arrastrarse. Durante tres meses enteros antes de que finalmente accediera a verlo de nuevo.
—?Tres meses? Eso es prácticamente una eternidad —asintió Rowin, con un tono cargado de sarcasmo.
—Sin buen sexo es —murmuró.
Las comisuras de sus labios se curvaron.
—Prueba con cinco a?os y vuelve conmigo.
Se resistió.
—?Cinco a?os?
Apartó la mirada de ella.