Enchantra (Wicked Games, #2)(77)



Cuando Remi fue a arrancar de nuevo la Daga de la carne de Rowin, éste agarró con ambas manos el brazo estirado de su gemelo y lo partió.

Genevieve apartó la mirada y se estremeció un poco cuando la imagen del hueso roto asomando por la piel de Remi permaneció en su mente. Un grito de agonía llenó el aire, luego gru?idos de esfuerzo cuando los dos cayeron al suelo en una mara?a de miembros. Incluso con un solo brazo útil, Remi resistió, al igual que Rowin, con la Hoja aún clavada en el hombro.

Finalmente, Rowin consiguió inmovilizar a Remi en el suelo, y Genevieve no pudo evitar pensar en lo extra?o que resultaba aquel espectáculo. Como si Rowin estuviera luchando contra sí mismo.

—Me sentaré aquí el resto de la ronda si es necesario —amenazó Rowin.

En respuesta, Remi liberó su mano buena y arrancó la Daga del hombro de Rowin antes de clavarla de nuevo en el costado de su hermano. El gru?ido de dolor que emitió Rowin fue impresionantemente contenido.

Genevieve habría estado maldiciendo como una loca.

—Estoy tan jodidamente cansado de esto —dijo Remi desde detrás de los dientes apretados—. Quiero salir.

Esa última parte fue un rugido desesperado, y para Genevieve fue casi más duro de ver que cualquier hueso rompiéndose.

—Entonces déjame acabar con esto —le gru?ó Rowin, y ella no estaba segura de sí se refería a esta pelea en particular o a la Caza en conjunto.

No importaba, porque en un abrir y cerrar de ojos Remi hizo acopio del resto de sus fuerzas y sacudió las piernas con tanta fuerza que consiguió golpear a Rowin contra el suelo. Mientras desenvainaba la Daga de las costillas de Rowin, se preparó para golpear de nuevo, esta vez en el corazón de Rowin. Afortunadamente, la daga nunca llegó a su objetivo, porque la caja de libros que tenía detrás se vino abajo.

Genevieve parpadeó incrédula ante lo que acababa de hacer cuando Rowin salió arrastrándose de debajo del cuerpo de Remi y éste se tumbó en el suelo, inconsciente, bajo la pesada estantería. Su pecho aún se agitaba por el esfuerzo mientras Rowin se ponía en pie, aturdido.

—Esas estanterías pesan mucho más de lo que parece —se quejó Genevieve antes de volverse hacia él y decirle—. Lo siento. Pero es que no podía soportarlo más.

Rowin se pasó una mano por el cabello cuando por fin se le pasó la sorpresa.

—Vámonos. Le dolerá la cabeza, pero eso no detendrá a un inmortal por mucho tiempo.





En cuanto Rowin cerró la puerta de la habitación encantada tras ellos, Genevieve jadeó al darse cuenta de a qué habitación la había traído. Al prado. Sólo que ahora, en lugar de un cielo soleado y azul, el claro abismo negro sobre ellos brillaba con un millón de estrellas. El río seguía burbujeando suavemente en algún lugar a lo lejos, y el manto de flores sobre las colinas brillaba con el parpadeo de las luciérnagas.

Era el paraíso.

—?Genevieve?

Miró por encima del hombro.

—Sólo quería decirte que lo has hecho bien ahí atrás —dijo Rowin.

Su expresión, como de costumbre, no le dijo nada sobre cómo se sentía. Sin embargo, la tristeza de sus ojos le oprimió el pecho.

La línea de su carta volvió a ella ahora.

Remington, no sé cómo reparar este distanciamiento.

Se quitó los zapatos para sentir la hierba bajo los pies y retrocedió con cuidado de no apoyar demasiado peso en el tobillo da?ado.

—?Dos verdades y una mentira?

?l asintió mientras se metía las manos en los bolsillos delanteros y la seguía hacia el sonido del agua. Estuvieron un rato en silencio mientras ella pensaba en sus preguntas y observaba el entorno, una sinfonía de ranas y grillos croando a su alrededor. En algún momento empezó a arrancar los pétalos de la flor de lavanda que tenía en la mano, hasta llegar a los dos últimos pétalos, antes de volver a hablar.

—?De dónde has sacado este anillo? —empezó—. Si la Caza no existiera y pudieras vivir en cualquier parte, aquí o en el Otro Lado, ?dónde sería? Y —se inclinó para arrancar una flor púrpura de su tallo al pasar—, ?qué pistas has encontrado para la...?

—Cuidado —insertó—. Puede que aquí no haya espejos, pero todo lo que ocurre dentro de estas habitaciones se transmite con claridad cristalina.

—Para el —buscó un marcador de posición—, regalo de cumplea?os superraro que me vas a regalar.

—Gané el Favorito hace quince a?os -el mismo a?o en que comenzó mi racha de victorias-y el anillo es lo que elegí como botín del tesoro de Knox. Grave y yo tuvimos una discusión en la mascarada de aquel a?o, y fue un juego bastante brutal. Está claro que el público de Knox disfrutó viendo esa faceta mía.

?l miró a las estrellas y ella se preguntó si estaría deseando que ese lado suyo no existiera.

—No estoy segura de dónde querría vivir si alguna vez dejo Enchantra. Hace tanto tiempo que esto no se siente realmente como un hogar, y sin embargo tampoco puedo pensar en otro lugar digno de tal título. —Volvió a mirarla—. Y eso me lleva a tu... regalo de cumplea?os. Por desgracia, todo lo que he encontrado hasta ahora son callejones sin salida. He estado escribiendo cartas -le dirigió la mirada, y ella juró a que veía culpabilidad en ella-, pero la mayoría de la gente ni siquiera responde. Y cuando lo hacen...

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