Enchantra (Wicked Games, #2)(92)
—?No has oído lo de las fiestas? —Sevin sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos. Pensó en cómo se había mantenido al margen en la mascarada y no pudo evitar pensar que a Sevin le pasaba algo mucho más profundo de lo que todos los presentes sabían.
—Muy bien, Rowin —dijo Barrington, con voz tensa—. Parece que ganas este a?o.
Rowin sonrió, se levantó de la silla y se acercó a los cuchillos que Grave había colocado ordenadamente en el centro de la mesa. Genevieve observó con curiosidad embelesada cómo Rowin agarraba una de las hojas y se acercaba a su padre. Decidió que aquello no iba por buen camino.
—Feliz puto cumplea?os, se?ora Silver —le dijo Rowin antes de clavar el cuchillo en las costillas de Barrington.
Genevieve jadeó, pero Barrington se mantuvo erguido sin apenas inmutarse. La resistencia de un inmortal nunca dejaba de sorprenderla.
Sevin rio encantado.
—Bienvenida a la familia, Vivi. No olvides pedir un deseo para cada cuchillo.
Rowin volvió a su lado mientras los demás se turnaban con los cuchillos. Barrington apretó los dientes contra cada uno de ellos, pero no se acobardó ni protestó. Cuando sólo quedaba uno, Covin lo ofreció en dirección a Genevieve.
—Absolutamente no —dijo.
—?Pido primero! —Sevin dijo inmediatamente.
Una vez asestado el golpe final, Barrington murmuró:
—Feliz cumplea?os, Genevieve.
Luego sacó los cuchillos de sus heridas y salió de la habitación, dejando un rastro de sangre a su paso.
Lo único que se le ocurrió decir a Genevieve fue:
—No entiendo a esta familia.
Pero en otra vida, creo que me habría encantado formar parte de ella.
—?l es la razón por la que estamos atrapados en este puto juego —explicó Ellin encogiéndose de hombros—. Es justo que sufra de vez en cuando.
—Muy bien, ?quién está listo para el pastel? —Sevin preguntó.
Una hora más tarde, Genevieve y Rowin volvieron a su habitación, para cambiarse y descansar antes de la siguiente ronda de la Caza. Desnudó su cama de sus viejas sábanas mientras ella se quitaba las horquillas de su despeinado cabello.
—?Necesitas ayuda con eso? —preguntó Rowin cuando terminó, enarcando una ceja al ver cómo ella se esforzaba ahora por alcanzar los cordones a su espalda.
Hizo una pausa.
—?Por eso los ataste tan fuerte? ?Para poder desatarlos también?
Sin embargo, en su rostro no había ningún atisbo de diversión cuando le indicó que se diera la vuelta, y ella se mordió el labio, insegura de cómo interpretar su estado de ánimo. Sintió cómo él tiraba lentamente de uno de los cordones hasta deshacer el nudo, y luego los deshacía meticulosamente hasta que el corsé se aflojó lo suficiente para que ella pudiera volver a respirar.
—?Dos verdades y una mentira? —preguntó.
Ella se giró, sorprendida por la sugerencia que venía de él.
—De acuerdo.
—?Te lo has pasado bien? ?Cuál ha sido tu cumplea?os favorito hasta ahora? ?Cuál fue el mejor momento de la noche?
—Fue... interesante —dijo en respuesta a la primera pregunta—. Muy diferente a los cumplea?os en casa. Mi madre me preparaba mi comida favorita mientras yo jugaba con Ophie. Mi cumplea?os favorito fue probablemente el decimotercero. Fue el a?o en que mi madre empezó a dejarme ir sola a la ciudad.
Mientras escuchaba, se desabrochó el chaleco, se lo quitó y lo dobló sobre la cómoda. Luego se puso los zapatos de vestir y el corbatón.
—Y la mejor parte de la noche... —Se interrumpió mientras intentaba concentrarse en otra cosa que no fuera él desnudándose.
—?Mm-hmm? —preguntó mientras empezaba a desabrocharse la camisa.
Tener tu boca sobre mí. Sin duda.
—Ver a Covin tragarse un cuchillo tan largo como mi antebrazo —mintió.
En realidad, aquel incidente había sido extremadamente estresante y no le apetecía en absoluto volver a verlo.
—Su truco habitual —dijo Rowin. Pero por la forma en que la miraba, ella se dio cuenta de que él sabía que ella no estaba diciendo la verdad. A su favor, lo dejó pasar.
—Tu turno —le respondió.
—?De verdad odias a tu padre tanto como parecen odiarlo todos? —empezó.
Aún no tenía valor para la otra pregunta.
—No es... tan blanco o negro —admitió—. Pero a veces sí. No porque cometiera un error precipitado en un momento en que temió por la vida de su esposa, sino porque ni siquiera puede molestarse en estar cerca. Está demasiado avergonzado de lo que nos ha obligado a hacer. Pero error o no, cuando encierras a tu familia en una maldición como la Caza, al menos deberías mirarlos a los ojos más de dos veces al a?o.
Genevieve asintió.
—Mi madre nunca nos habló de nuestro padre -de cómo lo conoció en Phantasma y de las maldiciones que separaron a nuestra familia-ni de la deuda que había acumulado sobre la casa de nuestra familia. Y luego murió y nos dejó aquí para que nos las arregláramos solas. Nos abandonó, me dejó completamente desamparada ante la vida.