Enchantra (Wicked Games, #2)(102)
X, Genevieve
—?Genevieve?
Genevieve levantó la vista de su diario y se encontró con que Rowin y Ellin la miraban expectantes.
—?Me hablabas a mí? —preguntó ella, con un tono un poco cortante.
—Sí —respondió Rowin—. ?Quieres jugar una mano de cartas?
—No, gracias —le dijo ella—. Estoy cansada de juegos en este momento.
Apartó la silla de la mesa y guardó el diario bajo el brazo. Ellin y Rowin intercambiaron una mirada cargada. Salió de la habitación justo cuando Sevin doblaba la esquina con la piruleta en la mano. Estuvo a punto de derribarlo.
Se apartó de su camino y le hizo una curiosa inclinación de cabeza al ver su expresión amarga y la cicatriz de su cara.
—Venía a decirte lo bien que me lo pasé anoche —reveló Sevin mientras se?alaba su herida con la piruleta—. Eso pareces...
—Cierra el pico, Sevin —ladró Rowin, con la boca curvada por la ira.
—?Qué? —Sevin preguntó inocentemente—. Iba a decir malota. Le da un poco de ventaja, ?no crees? Como si hubiera sobrevivido a una batalla con un monstruo o algo así.
—Sobreviví a una batalla con un monstruo —gru?ó.
Sevin asintió mientras volvía a meterse el caramelo en la boca, agitando la mano en el aire como diciendo sí, eso es lo que acabo de decir.
—Vete a ser un cabrón a otra parte —le gru?ó Rowin a su hermano.
—?No están follando? —Sevin lanzó a Rowin—. Esperaba que eso te hiciera menos desagradable por una vez. Ciertamente te ha hecho el primero en la fila para el Favorito.
—?Y cómo lo sabes? —preguntó Rowin con displicencia mientras colocaba una carta sobre la mesa frente a Ellin.
—Knox acaba de aparecer para hacerme saber que estoy en peligro de perder mi título —le dijo Sevin—. También quiere que se destapen todos los espejos de aquí. Expeditivamente. Su palabra, no la mía.
Rowin no parecía contento con la petición.
—Por lo que oí de tu actuación en el bosque, pensé que esa orden podría excitarte —se burló Sevin.
Genevieve hizo una mueca.
—Estás siendo grosero.
—No, lo que es grosero es el hecho de que aposté dinero contra Covin a que Rowin sería capaz de resistirse a acostarse contigo porque juró que nunca lo haría —se quejó Sevin—. Y sin embargo aquí estamos.
Genevieve desvió la mirada hacia Rowin.
—?Qué?
—Te voy a matar, joder —le espetó Rowin a su hermano.
Sevin levantó las cejas.
—?Qué he dicho?
Ellin suspiró profundamente y dejó la mano de cartas boca abajo sobre la mesa mientras se volvía hacia Genevieve y le decía:
—Esos tontos hicieron una quiniela en cuanto Rowin les mencionó la boda. Covin apostó a que los dos follarían a pesar de... las circunstancias. Sevin apostó a que no.
—Porque soy un caballero —a?adió Sevin—. Pero entonces Covin ofreció a Rowin la mitad de sus ganancias si lo hacías y yo dije...
—?Te pagan? —Genevieve miró a Rowin con incredulidad—. Por eso tú... por eso nosotros...
Rowin se levantó de la mesa inmediatamente.
—No. Diablos, Genevieve...
Pero ella ya se iba. Necesitaba estar en otro sitio.
—Malditos sean —oyó gru?ir a Rowin.
—?Qué? ?Es culpa mía que tengas más de dos siglos y aún no tengas ni idea de cómo tratar a las mujeres? —replicó Ellin.
Genevieve no sabía adónde ir, pero desde luego no quería volver a su habitación. Así que fue al primer lugar que se le ocurrió. El laberinto de setos.
24 de marzo
Olvida lo que escribí antes en mi equivocada juventud. Lo odio.
X, Genevieve
Cuando Rowin la encontró un par de horas después, estaba sentada en el borde de la fuente, temblando.
—Estás muy decidida a congelarte mientras estás aquí, ?verdad? —murmuró mientras sus botas crujían en la nieve.
—Déjame en paz —le dijo. El frío la había vuelto a entumecer y trataba de disfrutarlo en paz.
Cruzó los brazos sobre el pecho.
—?Tengo la oportunidad de explicar?
—?Te refieres a otro? —Ella rio una risa baja, sin humor—. Sabes, sé que hurgue en tus cosas privadas cuando probablemente no debería haberlo hecho...
—?Probablemente? —resopló.
—Pero si no lo hubiera hecho, ?me lo habrías contado alguna vez? ?Sobre mis cartas? ?El maleficio? Si Sevin no hubiera sacado el tema, ?me ibas a decir alguna vez que estabas ganando dinero con nosotros follando?
—No acepté el ridículo soborno de mi hermano, Genevieve. De hecho, en ese momento les dije a los dos que se atragantaran. Ni siquiera me acordé de que habían hecho esa apuesta hasta ahora porque tiendo a ignorar la mitad de la mierda que dicen. No creo que esta deba contar en mi contra.