Enchantra (Wicked Games, #2)(105)



—Pulcra adomin, epulchra icapill —gru?e una voz desde el fondo del callejón.

Genevieve se sobresaltó cuando Rowin movió el cuerpo hacia ella y adoptó una postura protectora. Al principio no había visto al peque?o demonio. Debían de medir alrededor de un metro, con una piel grisácea que se confundía con la pared donde se apoyaban. Sin embargo, cuando se movían, su tez se calentaba instantáneamente hasta convertirse en algo más humano, y su cabello se alargaba en cuestión de segundos, cambiando a un mundano tono casta?o. Sabía que Rowin le había dicho que no mirara a nadie con quien pudieran encontrarse, pero no pudo evitarlo al ver cómo los ángulos de su rostro se transformaban en algo más suave, y sus ojos pasaban del negro a un tono azul claro. Ahora casi parecían mortales normales y corrientes, una especie de camaleón demoníaco.

—?Qué han dicho? —preguntó a Rowin.

—Oh, mortal —ronroneó el Demonio en inglés mientras se adelantaba, con sus dientes puntiagudos goteando saliva al lamerse los labios—. Bonita dama, bonito cabello. Bonitos ojos.

Bruto.

Rowin ense?ó los dientes.

—Da un paso más y te arrancaré la cabeza de los hombros.

—Quiero sus ojos —gimoteó el desconocido mientras miraban a Genevieve con hambre—. Todavía no tengo ese color.

Ante esa última afirmación, los iris del Demonio parpadearon a través de un arco iris de colores, y a Genevieve se le revolvió el estómago ante la idea de que todos sus rasgos hubieran sido robados a otros.

—Tócala. Te reto —gru?ó Rowin.

El Demonio se volvió hacia Rowin, como si comprobara su seriedad. Si las miradas mataran, habrían caído muertos de inmediato. Pareciendo darse cuenta del peligro, se escabulló hacia un lado, dejando espacio a Rowin y Genevieve para pasar.

Rowin le rodeó la cintura con un brazo y la guio hacia su otro lado, poniendo la mayor distancia posible entre ella y el Demonio. Los acompa?ó hasta el final del callejón. Rowin no le quitó los ojos de encima ni un segundo mientras pasaba, y Genevieve no se relajó hasta que estuvieron a menos de medio metro de la salida.

En el momento en que el suspiro de alivio salió de sus labios fue precisamente cuando el Demonio golpeó.

Genevieve gritó cuando una mano con garras le agarró el cabello por detrás.

En una fracción de segundo, Rowin tenía al ser inmovilizado por el cuello contra la pared. No entendía cómo había podido moverse tan deprisa, pero entonces se dio cuenta de que sus brazos y manos estaban ahora completamente hechos de sombras, solidificándose lentamente hasta volver a su estado normal mientras sonreía al demonio que se retorcía.

—Si tanto querías desprenderte de tu vida, podías habérmelo pedido —gru?ó Rowin.

—?No! —gritaba mientras ara?aban el agarre de Rowin—. ?Sólo quería sus ojos! Uno será suficiente. No quiero más. Por favor, no...

Genevieve se encogió al oír el chasquido de huesos y tendones cuando Rowin le arrancó la cabeza del demonio del cuello, como había prometido. Desvió la mirada cuando Rowin dejó caer la cabeza y el cadáver al suelo con un ruido nauseabundo.

Rowin se volvió hacia ella, mirándose las manos y haciendo una mueca ante el lodo negro que las cubría.

—Vámonos —dijo—. Necesito encontrar un lugar para lavarme.

Se quedó boquiabierta.

—?Era realmente necesario? ?No te preocupa meterte en problemas?

Le sonrió divertido.

—Estamos en el infierno. Esto es sólo una noche normal. Y, sí, era necesario. No cumplir las amenazas aquí hace que los depredadores sean demasiado audaces. Recuérdalo.

—Ugh —soltó, pero no protestó más mientras él la guiaba fuera del callejón. Se sorprendió al ver lo grande que era la calle cuando entraron en ella. Todo tipo de tiendas se alineaban a ambos lados, desembocando en lo que parecía una plaza que le recordaba al Barrio. Dondequiera que mirara había algo que nunca había visto. Había un lugar que anunciaba sangre fresca en su letrero exterior, otro que ofrecía pulir los cráneos de sus seres queridos. Se asomó a otros callejones a su paso y vio de todo: desde gente follando contra las paredes como animales hasta gente ba?ando a un... ?avestruz?

—?Qué demonios? —preguntó al ver a un Demonio enjabonando al gran pájaro.

—Perfecto —murmuró Rowin, como si la escena no tuviera nada de extra?o.

La condujo hasta el Demonio y el animal de aspecto ridículo. Ella observó cómo tomaba prestada la manguera para lavarse la sangre del Demonio de las manos, intentando convencerse de que no estaba otra vez desmayada en Enchantra, teniendo un sue?o febril.

El avestruz inclinó la cabeza hacia ella. Ella le devolvió la mirada con desconfianza.

?Por qué necesitaría alguien un avestruz en el infierno?

Debió de pronunciar las palabras en voz alta, porque el Demonio le dio unas palmaditas al feo pájaro en su calva cabeza y contestó:

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