Enchantra (Wicked Games, #2)(106)



—Aquí el Ratón se come los ratones que hay alrededor de mi tienda por mí.

Genevieve levantó las cejas.

—?Le pusiste Ratón a tu pájaro come ratones?

El hombre se encogió de hombros.

—Lo mantuve simple.

—Mm-hmm —fue todo lo que consiguió responder. El avestruz la fulminó con la mirada.

Mientras Rowin se quitaba la sangre de las manos, Genevieve echó un vistazo a la tienda de al lado. Había una especie de extra?a sustancia azul que goteaba al suelo a lo largo de la fachada delantera desde los viejos canalones de madera. El olor era enfermizamente dulce y, cuando Genevieve inclinó la cabeza hacia atrás para leer el letrero que ponía Veneno y Pociones, vio bocanadas de humo azul y morado que salían de una chimenea situada encima.

Genevieve miró a Rowin, que seguía restregándose la sangre de las manos, y se acercó a la tienda. Abriéndose paso a través de la puerta principal, una campana tintineó en el aire para anunciar su llegada. No había nadie dentro que ella pudiera ver, sólo estantes y estantes de líquidos de diferentes colores en peque?os frascos de cristal. Todos tenían etiquetas en idiomas que ella no podía leer sin la magia de Knox.

—?Genevieve? —jadeó una voz desconocida, seguida de algo en un idioma que Genevieve no entendía.

Genevieve se giró para ver a una mujer con el cabello de color vino y una gargantilla hecha de dientes.

—Eres tú —exclamó, cambiando al inglés antes de correr hacia la puerta de la tienda y abrirla de un tirón—. ?Mathilde! Astoria.

Genevieve intentó volverse invisible, pero mientras parpadeaba, se dio cuenta de que las esposas de Knox no permitían que su magia funcionara correctamente. De todos modos, ya era demasiado tarde, pues la pelirroja y otras dos mujeres, que debían de ser Mathilde y Astoria, ya se estaban abalanzando sobre ella.

—Soy Gladys —dijo la pelirroja—. Estas son Mathilde y Astoria.

Se?aló a sus amigas. Genevieve estaba bastante segura de que Mathilde era un vampiro, a juzgar por el tama?o de sus colmillos, mientras que Gladys y Astoria eran algún tipo de demonio, pero era difícil saberlo.

—Los amamos a ti y a Rowin juntos —dijo Gladys—. He apostado por ti todo el tiempo. Sabía que Rowin no se casaría con una mortal aunque fuera inútil.

—Astoria no creía que sobrevivirías después del primer asalto —dijo Mathilde.

—Cambié de opinión cuando te lanzaste tras Umbra —se defendió Astoria—. Al principio no pensé que fueras nada especial. Pero amamos a Umbra. Ella y Zafiro son nuestras favoritas de las Familiares.

—?El sexo con Rowin es increíble? —se preguntaba Mathilde.

—Desde luego, tiene una pinta increíble —insertó Gladys.

—Siempre me ha gustado —suspiró Mathilde.

—Mi favorito es Grave. —Astoria sonrió—. Quiero que me odie como odia a todos los demás. Todo el camino a través de un colchón.

Mientras todas se enfrascaban en discutir los detalles de la Caza, tanto del pasado como del presente, volvieron a su primer idioma mientras Genevieve comenzaba a alejarse lentamente.

Genevieve corrió hacia la puerta y salió a atropelladamente. Rowin estaba terminando.

—Gracias por su ayuda —dijo Rowin al hombre del avestruz.

—?Sabías que tenemos fans? —dijo—. Porque acabo de ser emboscada por un grupo de ellas.

Las comisuras de los labios de Rowin se levantan divertidas.

—Claro que tenemos fans. Míranos.

—Bueno, sí —permitió Genevieve mientras se sacudía un mechón de cabello por encima del hombro—. Pero es extra?o que hayan actuado como si me conocieran. ?Es así con todos los que están aquí todo el tiempo? Quiero decir, incluso antes de que dejaras de venir—. Se apresuró a decir lo último.

—Cuando ofreces algún tipo de entretenimiento a la gente, algunos empiezan a considerarte una mercancía. Te tratan como creen que te mereces en función de lo bien que les entretengas. Es otra de las razones por las que empecé a alejarme de este lugar.

Genevieve le dio un apretón reconfortante en la mano. Se llevó la mano a los labios y le dio un beso en los nudillos.

—?Vamos directamente a la finca de Knox? —le preguntó.

Sacudió la cabeza.

—Hay un sitio en el que tengo que parar antes de que abordemos el ferry.

La peque?a tienda a la que los llevó era un sue?o. Por fuera no había mucho que ver, pero por dentro era fascinante. Mirara donde mirara, algo brillaba, y en las paredes había vitrinas llenas de piedras preciosas raras y baratijas.

La mujer preguntó algo a Rowin desde detrás de un mostrador en el mismo idioma que habían hablado las mujeres de la tienda de pociones, con una sonrisa en sus labios cereza mientras les lanzaba una mirada evaluadora.

Rowin se acercó, haciendo se?as a Genevieve para que mirara a su alrededor mientras inclinaba la cabeza hacia la mujer y le susurraba algo. Genevieve lo observó atentamente durante un momento, pero pronto algo brillante llamó su atención en una de las vitrinas. Varios minutos después, la vendedora sacó una caja del fondo y Rowin le puso en la mano algo que parecían monedas de oro antes de volverse hacia la puerta.

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