Enchantra (Wicked Games, #2)(104)



Entonces sonó la medianoche y caminaron juntos hacia el salón de baile. Genevieve con un salto en el paso y Rowin con una sonrisa divertida.

Cuando Knox apareció, Rowin tenía la ficha lista.

—Queremos acceso a la Boca del Infierno —le dijo Rowin a Knox.

El Diablo asintió con la barbilla.

—De acuerdo. Te veré en el estudio.

Rowin condujo a Genevieve fuera en seguida, dejando a los otros cuatro solos para terminar la ceremonia de elección. Cuando miró a los demás por encima del hombro, Sevin le gui?ó un ojo.

—Cuando lleguemos, no mires a nadie a los ojos, ?entendido? —dijo Rowin mientras la conducía al estudio—. Los seres que merodean por las Puertas del Infierno no son con los que quieras relacionarte.

—Probablemente te cueste creerlo, Rowington Silver —canturreó mientras entraban en la habitación—, pero no quiero relacionarme con ningún ser del Infierno. Sólo voy contigo por puro aburrimiento y un poco de curiosidad.

—Bueno, guarda tu curiosidad para cuando lleguemos a la finca de Knox.

—?Es ahí donde vamos?

—Sí, es donde reside mi familia cuando estamos en el Infierno —explicó—. La residencia de Knox está en el Tercer Círculo-Avaricia.

Salem y Ophelia no creerían que estuviera a punto de hacerlo.

—Hola, mis tortolitos —les saludó la voz de Knox antes de manifestarse por completo en la habitación—. ?Dando un peque?o paseo por el Infierno hoy?

—No necesitamos la charla —dijo Rowin al Demonio.

—Sensible. —Knox sonrió satisfecho—. ?Anhelando un lacrimógeno reencuentro con tu madre? Y luego están tus hermanos, por supuesto...

—Oh —se dio cuenta Genevieve—. ?Wells y Remi estarán allí?

—Sí —le informó Knox—. Wellington acaba de regresar de un recado mío esta ma?ana, en realidad. Mucho más rápido de lo que suponía. Pero no te aburriré con los negocios. ?Estás emocionada por ver cómo vive el Otro Lado?

—Estoy deseando salir de esta puta casa —respondió alegremente.

Knox se acercó al portal negro que se arremolinaba en el fondo de la sala y ella observó absorta cómo introducía la mano en el abismo de tinta, susurrando algo en voz baja, y lo convertía en un fantasmal tono azul.

—Después de ti —dijo Knox, con tono firme.

Rowin se agachó y enhebró su mano en la de ella, dándole un apretón tranquilizador mientras tiraba de ella hacia la entrada del Infierno.

—Respira hondo y cierra los ojos —le dijo.

Ella obedeció, apretándolos todo lo que pudo mientras él tiraba suavemente de ella hacia delante. El portal parecía hecho de una gelatina espesa, y Genevieve sólo podía esperar que no le estropeara el cabello o el vestido. El poder que la rodeaba era inconfundible y, por un momento, el miedo se apoderó de sus huesos, haciendo aflorar sus instintos de lucha o huida al percibir la proximidad del peligro. Rowin sólo apretó más fuerte su mano.

Entonces se acabó.

—Abre los ojos.

Lo hizo, esperando a que se adaptaran a la oscuridad que les rodeaba. Lo primero que vio fue a Rowin, y se quedó sin aliento al ver su aspecto. Los tatuajes de su piel estaban vivos. Siempre había pensado que las líneas arremolinadas parecían sombras o volutas de humo, y ahora se contorsionaban alrededor de sus antebrazos expuestos como si realmente lo fueran.

—Vaya —susurró ella mientras rozaba con la punta de los dedos los que se enroscaban alrededor de su garganta—. ?Cómo...?

—Tinta Infernal —le dijo—. Cobra vida en el Infierno.

—Fascinante —murmuró.

Knox salió del portal detrás de ellos.

—Su hora límite es el mediodía —les dijo el Diablo mientras agitaba una mano en su dirección.

Genevieve vio con horror cómo unas esposas violetas y brillantes aparecían en cada una de sus mu?ecas.

—Si se les ocurre intentar quedarse un segundo más, estos los arrastrarán de vuelta. Y no será divertido —amenazó Knox a ambos antes de desviar su atención únicamente hacia Genevieve—. Encabezas la votación para Favorita a pasos agigantados, se?ora Silver. Ese peque?o revolcón en mi bosque encantado causó un gran revuelo. —Su tono era de aprobación.

—?Cuándo anuncian el ganador? —preguntó.

—Antes de la ronda final —dijo Knox—. Cuando llegues a mi finca, recuérdame que te ense?e algo.

Antes de que Genevieve pudiera preguntarle a qué se refería, él parpadeó y se perdió de vista.

—Vamos —le dijo Rowin—. Tenemos que abordar el ferry.

Genevieve empezó a empaparse de lo que les rodeaba mientras él la guiaba hacia delante. Habían salido a un callejón que daba a una especie de mercado o pueblo al aire libre. Los edificios eran en su mayoría grises, y el suelo bajo sus pies era de adoquines. Sobre ellos se extendía un cielo nocturno sin estrellas. Era exactamente como ella pensaba que sería el infierno. Gris y aburrido. Excepto por la gente. La miríada de seres que deambulaban por el callejón era sorprendentemente colorida, vestida con tonos joya y adornada con gemas.

Kaylie Smith's Books