Enchantra (Wicked Games, #2)(103)



Se miró las manos. ?l tenía razón.

Rowin se agachó frente a ella.

—Genevieve. Mírame.

No lo hizo. Suspiró.

—Sé que debes sentir que las cosas están fuera de control. Como si constantemente te estuvieran utilizando o jugando contigo. Esa es la naturaleza de estar bajo el pulgar de un Diablo. —Sacudió la cabeza con amargura—. Pero tú y yo hemos tomado nuestras propias decisiones. No importa lo que digan, o apuesten, o voten, hemos elegido nuestro camino aquí. No puedo imaginar lo duro que ha sido para ti. Lo agotador que probablemente es pensar que por fin controlas tus emociones, sólo para que el juego lo ponga todo patas arriba una hora después. Y sé que en gran parte es culpa mía. Pero no estás sola.

Tragó saliva mientras hacía girar lentamente el anillo que llevaba en el dedo.

—Tengo una cicatriz en la cara que quizá nunca desaparezca por culpa de un juego al que yo -y el resto de ustedes-ni siquiera queremos jugar. Es la primera vez que me pierdo un cumplea?os con mi familia, sin mi madre —se le quebró la voz—, y he estado a punto de morir demasiadas veces para contarlas. Sólo he sobrevivido porque otras personas me lo han permitido. Ya no quiero sobrevivir. Quiero vivir. Y no por mi madre, ni por mi hermana, ni por nadie. Sólo quiero encontrar una razón para vivir por mí misma. Algo real.

Estuvo callado tanto tiempo que ella tuvo que levantar la vista para comprobar si seguía allí.

—Genevieve, tienes que elegir vivir para ti misma. Tú eres lo más real que jamás podrás experimentar. Tu luz. Tu determinación. Puedes buscar en cada rincón del universo algo más y nunca será suficiente si intentas escapar de ti misma. No sé quién te dijo que no eras lo suficientemente buena, pero estaba jodidamente equivocado. Eres más que suficiente. Tu corazón es más que suficiente. No importa cuántas veces se haya quemado. Cuántas cicatrices pueda tener. Seguirá latiendo, valiente y apasionado, si se lo permites.

Ahora las lágrimas le punzaban los ojos mientras susurraba:

—Creía que habías dicho que nunca podrías confiar de verdad en tu corazón.

—Quise decir cuando se trata de otras personas —corrigió—. No cuando se trata de ti misma. Creo que sabes que tu corazón es bueno. Creo que por eso te aferras tanto a él.

Se le cortó la respiración.

Se levantó y le tendió la mano.

—Ganamos esa ficha. Podemos quedarnos fuera de esta ronda. Pensé que podríamos salir de aquí. Fingir que la Caza no existe por un rato.

Levantó las cejas mientras le tomaba la mano.

—?Salir de aquí? ?Cómo? ?Adónde?

Empezó a tirar de ella hacia la casa.

—Ya verás. Además, te estás poniendo de un tono morado preocupante.

—Al menos el morado es uno de mis colores —refunfu?ó para sus adentros. Y entonces le vino una idea a la cabeza—. Oye, ?Rowin?

—?Sí, “Problemas”?

—Te reto a una carrera —le dijo, y antes de que él diera un paso más, se transformó en Espectro y echó a correr.





Cuarta Ronda


de la


Caza




Inmunidad





36




Infierno


25 de marzo

Hoy me voy al infierno. Ha.

Además, verás que he tachado la entrada anterior. No odio a Rowington Silver.

Odio lo fácil que se mete en mi piel. Lo difícil que parece ser para él no guardar secretos. Cómo, por desgracia, tenemos eso en común.

Y, sobre todo, odio que la idea de ir al infierno con él me parezca divertida. Hace un a?o nunca habría escrito una frase tan ridícula.

Creo que no conozco a esta nueva versión de mí. Así que tal vez ir al infierno sea un buen lugar para empezar a buscarla.

X, Genevieve



Genevieve no estaba segura de cómo debía vestirse una para ir al infierno, pero el rosa era un color apropiado para cualquier ocasión. Se había recogido el cabello con un peine dorado y se había echado polvos en la cara con la esperanza de que le quitaran el brillo de la cicatriz enorme. Pero no fue así.

El vestido que había elegido era de un tono malva perfecto, con escote corazón y mariposas bordadas sobre el tejido brillante.

Dio una peque?a vuelta.

—?Qué tal estoy?

Rowin la miró lentamente.

—Como si no pertenecieras al Infierno.

—Perfecto —dijo—. Ese es el estilo que buscaba: un ?ngel que se perdió.

—Yo tampoco diría que tienes un aspecto angelical.

Ella le sonrió.

—?Viene Umbra con nosotros?

—Umbra no disfruta mucho del Infierno —dijo—. Se ha echado a perder.

Genevieve ladeó la cabeza.

—Por cierto, ?adónde va? ?Cuándo ella no está?

—Siempre está por aquí, en la sombra, sólo que no la ves. No me gusta tenerla atada como a otros, si te refieres a eso. Los familiares son parte del alma de su anfitrión. Podemos recuperarlos cuando queramos.

Kaylie Smith's Books